Sancho viene a lomos de su rucio en busca del castillo de los duques para reencontrarse con don Quijote, pues es lo que más desea tras el reencuentro con su rucio.
Coincide Sancho por el camino con media docena de peregrinos los cuales van cantando en un raro lenguaje. Se dirigen al ya pretérito gobernador, éste piensa que le piden limosna, pues los peregrinos tienen fama de pedigüeños; Sancho les ofrece su mayor tesoro después del rucio, “el papeo” que le dieran sus falsos exinsulanos, el medio pan y el medio queso. Los peregrinos parece que no tienen hambre, de todas formas agradecen a Sancho el detalle-penitencia.
Uno de los peregrinos queda admirado de la fisonomía de Sancho:” habiéndole estado mirando uno dellos con mucha atención, arremetió a él, echándole los brazos por la cintura; en voz alta y muy castellana, dijo: -¡Válame Dios! ¿Qué es lo que veo? ¿Es posible que tengo en mis brazos al mi caro amigo, al mi buen vecino Sancho Panza? Sí tengo, sin duda, porque yo ni duermo, ni estoy ahora borracho”.
Sancho mira de arriba abajo al que aseguraba ser su vecino, pero no le reconoce; pero el peregrino insiste de nuevo: “-¿Cómo, y es posible, Sancho Panza hermano, que no conoces a tu vecino Ricote el morisco, tendero de tu lugar?” Vuelve Sancho a mirar con más detalle a aquel personaje, y ahora ya sí le reconoce, aunque no sin cierta dificultad por los estrafalarios ropajes que el tal fulano vestía: ” -¿Quién diablos te había de conocer, Ricote, en ese traje de moharracho que traes? Dime: ¿quién te ha hecho franchote, y cómo tienes atrevimiento de volver a España, donde si te cogen y conocen tendrás harta mala ventura?” Ricote, quien hacía honor a su nombre (escondía, incluso un tesoro), al contrario que Sancho, que sería “pobrote” o “pobrete” en bienes materiales, aunque no d´espíritu de lo que sí es bastante rico. Ricote, rico comerciante morisco, tuvo que coger las maletas y huir a causa de los edictos de expulsión de los moriscos que el rey de España Felipe III promulgó poco tiempo antes de que Cervantes escribiera el capítulo que nos ocupa.
Ricote volvió para recuperar un tesoro que dejó enterrado en el momento de su apresurada fuga, ofreciendo a Sancho una buena cantidad de dineros para que le ayudara a exhumar el tesoro. Nuestro Sancho no acepta el dinero, ni mucho ni poco, arguyendo que él no es nada codicioso, y que va con prisa en busca de su amo.
Se abrazan los dos y se van cada uno por su lado.
(Cervantes utiliza el nombre de Ricote para el vecino de Sancho debido a que en la región de Murcia existe el Valle de Ricote o de los Moriscos).

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