El día 29, decidimos tomar la ruta a Aínsa por Broto, pese a habernos recomendado que bajásemos hasta Sabiñánigo y de allí a Fiscal, Boltaña y Aínsa. Mereció la pena, pese al tráfico, las curvas y el Cotefablo. Cuando llegamos a Broto nos quedamos alucinados al ver la cantidad de gente que había, así que enfilamos hacia Fiscal, al que dejamos a la derecha, y Boltaña -también con mucho gentío- y, ni siquiera paramos en Aínsa, yendo directamente a Plan y a San Juan de Plan por esa sinuosa carretera y sus temibles túneles -que, aunque regulado, a veces el semáforo se pone en intermitente continuo-. Llegamos, por fin, a Plan y paramos a comer en un restaurante de la carretera llamado “Casa Ruché” donde degustamos longaniza de Graus, migas con huevo y entrecó de vaca del lugar. De allí, a un km, más o menos, “Casa Anita”, nuestro destino en San Juan de Plan. Tras descansar un rato, decidimos bajar hasta el río Cinqueta por una costera de tres pares. Lo malo fue subir, Me di cuenta de que no estoy en forma y que debo ponerme a hacer algo de ejercicio, pues me sentí oxidado. Con la lengua fuera (yo), llegamos al hotel y repusimos fuerzas. Comimos unos fabulosos pimientos del piquillo rellenos de brandada de bacalao y un steak tartar de ternera chistabina excepcional, amén de un exquisito tiramisú.
El paisaje que pudimos admirar este día fue espectacular, como podéis ver en las imágenes:











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