Busto relicario de Pedro Arbués en la catedral del Salvador (La Seo) de Zaragoza
1485 Pedro Arbués, el "Maestro Épila" -había nacido en e la localidad zaragozana de Épila en el año 1441-, el docto filósofo y teólogo, que ya ocupaba un alto cargo eclesiástico en la Seo zaragozana debido a una meteórica carrera- a instancias de Torquemada, Inquisidor General, del Papa Sixto y del propio rey Fernando II de Aragón, no le quedó más remedio que aceptar el cargo de Inquisidor aragonés, pues se lo habían ya pedido en tercera instancia y si se negaba, corría el riesgo de cometer rebeldía -su negativa se debía a que el cargo era incompatible con su carácter-. Así que, el día 4 de mayo de 1484 ocupó el cargo de magnatario del Santo Oficio, junto a Pedro Gaspar Juglar. Procuró ser magnánimo y no acusar sin pruebas concluyentes, aunque sí envió a la hoguera a unas cuantas familias, con una dedicación especial a las judío-conversas, muchos de ellos protegidas de la realeza, ya que desempeñaban cargos de asesores en el gobierno, recaudadores de impuestos, controladores del comercio, actividades bancarias, además de ser excelentes médicos... Los hebreos campaban a sus anchas por la Zaragoza del XV, pero las poderosas familias de conversos aragoneses estaban inquietas. Y con razón. Los Santángel, los Montesa, los Sánchez, los Durango, los Santafé, los Caballería, los Paternoy… andaban algo mosqueados con las intervenciones inquisitoriales, pues veían peligrar sus privilegios e intuían que no iban a ser respetados los fueros, les entró el pánico y urdieron una conspiración para asesinar al Inquisidor, creyendo que así terminaría todo. Pedro Arbués fue avisado de este ardid, pero no hizo caso ni le importaba morir. Los autores del asesinato, contratados por las familias mencionadas, lo intentaron hasta en cuatro ocasiones anteriores, pero "por h o por b", se frustraba la ocasión.
Pintura de Bartolomé Esteban Murillo(1664)
No así el día 14 de septiembre de 1485 cuando 8 (o 9) personas entraron en la Seo y le asestaron 12 puñaladas, aunque no muy certeras del todo, pues Pedro no murió en el acto, sino tres días más tarde, ya que los médicos no pudieron salvarlo. Unos días antes también murió Juglar, al parecer envenado.
Nadie vio la cara de los asesinos, pero enseguida se oyó el grito de ¡judíos! y los cristianos viejos, los escolares de la Magdalena, los labradores de San Pablo, los broqueleros...esgrimieron sus armas y los antiguos rencores entre religiones afloraron de tal forma que durante los meses que siguieron a la muerte del "Maestro Épila", la ciudad arderá desde la puerta de Sancho a la del Sol, desde la del Ángel a la Cinegia con furia inusitada y cólera desatada. Lo que Arbués había tratado de evitar en vida, se produjo tras su muerte.
Tras ser arrestados, uno de los principales instigadores, Francisco de Santa Fe se suicidó en la Aljafería y en el Auto de Fe que se llevó a cabo, los cuerpos de los apresados fueron quemados vivos (Jaime de Montesa) o descuartizados y después quemados (Luis de Santángel) y los que se libraron al escapar, fueron quemados en efigie.
Pedro Arbués fue beatificado por el Papa Alejandro VII el 17 de abril de 1662, y canonizado por Pío IX el 29 de junio de 1867. Su sepulcro, realizado por Gil Morlanes "El Viejo", se encuentra en la capilla de San Pedro Arbués en la Seo de Zaragoza.



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