EL VATICANO Y LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Franco, Queipo de Llano, el obispo de Sevilla y otras personalidades. A la dcha. Pío XI y Fratelli, futuro Pío XII.

 El 14 de septiembre de 1936, unos 500 españoles del bando franquista fueron recibidos por el Papa Pío XI en su residencia veraniega de Castelgandolfo. Su objetivo era que la Iglesia reconociera a los sublevados, algo que no consiguieron ya que el Papa intentaba conseguir la paz, pues temía que el fascismo se arraigara en España. El Vaticano, por tanto,  siguió manteniendo  relaciones con la República, llegando a denominar a los fallidos golpistas "rebeldes" o los del Gobierno de Burgos.  Pío XI les leyó, además de entregarles una hoja con sus palabras, una carta en la que hacía referencia a la iniciada Guerra Civil española. Al escrito, perfectamente traducido,  se le conoce como "Discurso de Castelgandolfo".

En él, en ningún momento refleja una posición partidista, aunque veladamente hace referencia a los creyentes y su defensa, pero también, hace un llamamiento a la hermandad, al perdón, al amor a los semejantes, a que recen por sus almas y se proclama Papa de todos los españoles.

Algunos de los asistentes, los más ultranacionalistas y defensores a ultranza de Franco, salieron indignados e incluso, tiraron el papel al suelo, entre ellos, Luis Antonio de Vega, periodista y arabista que estuvo en Burgos en la Oficina de Prensa franquista. El escrito llegó a manos de Franco que lo manipuló para su beneficio e hizo creer al clero español que esa era la carta original. En seguida,
los obispos se lanzaron en tromba a definir el asunto como si fuera una cruzada y, por supuesto, la carta también llegó a los republicanos que creyeron que el Papa había tomado partido.

En julio de 1938, viendo que Francia reconocía al nuevo régimen, Pio XI hizo lo propio y tomó partido, rompiendo con la República.

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