¡Albricias! Por fin, se han ido los albañiles de casa, las obran han finalizado, el desorden está empezando a desaparecer, el polvo ya no forma parte de nuestras vidas, ni el ruido de la máquina diabólica (rotaflex), ni el de la machota y el cincel..., la paz ha llegado a esta humilde mansión tras 44 días de estoico aguante.
Pero, todavía quedan unos cuantos retoques que, entre MJ y Juanmi, van a ser subsanados. Yo, ante mi incapacidad para las manualidades y el bricolaje, me voy a limitar a hacer la comida y ejercer de peón. Como aportación, y para cuando mañana terminen, ayer por la tarde, mientras MJ retocaba las paredes con pintura, cociné una berza con calabaza y judías verdes que va a estar de escándalo tras su reposo correspondiente. Doy fe, la he probado.
Lo de las obras en casa y el deseo a tu peor enemigo de ellas, no es una entelequia, es una verdad como un templo de la antigüedad.
Para finalizar esta prueba que, en algún momento de nuestras vidas, hay que superar, tengo que decir que, a pesar de la duración de la misma, han quedado perfectamente el salón y los dos cuartos de baños, preparados para cuando haya que entrar con el carrito, si es que llegamos.




No hay comentarios:
Publicar un comentario