Minerve, enclave cátaro asediado por Simon de Montfot en la cruzada albigense
Fue en las zonas rurales donde la Iglesia cátara -la de los "buenos hombres" y "buenas mujeres", como así se hacían llamar- se extendió y vivió libremente desde finales del siglo XII, como confirman los archivos de la Inquisición, la principal fuente de información sobre los cátaros antes de la Cruzada contra los albigenses (1209 - 1229). Interrogados a partir de 1240 por la Inquisición, los habitantes más ancianos de estos castros se remontaban a los tiempos de su juventud: «Hace cuarenta años o más», «en aquel tiempo –antes de la Cruzada de 1209–, los herejes vivían públicamente en sus casas de los burgos». Cuentan cómo, desde antes de 1200, estas comunidades -el clero regular comparable a los monjes y monjas católicos-, vivían en sus «casas» en el interior de los burgos castrales. Aquí llevaban una vida «consagrada a Dios y al Evangelio», respetando y observando los preceptos evangélicos, votos de pobreza, prohibición de mentir, castidad y abstinencia, y trabajando para vivir. Estas «casas religiosas» estaban abiertas públicamente en las calles de los burgos y sus miembros recibían la visita de sus familiares. El clero secular (la jerarquía cátara), compuesto por obispos, hijos mayores y menores, diáconos... también vivía en comunidad religiosa y preferentemente en los castros, en zonas rurales, al contrario que la jerarquía católica, implantada en las zonas urbanas.
En los castros, los cátaros eran acogidos y protegidos por la nobleza local: los señores y sus damas asistían a sus ceremonias, escuchaban su predicación e incluso decidían entrar en religión para asegurar su salvación. Un ejemplo de este retiro religioso en los tiempos de libertad de la disidencia cátara fue la ceremonia de Fanjeaux en 1204. Esclarmonda y Felipa de Foix, respectivamente hermana y esposa del conde Raimon Roger de Foix, recibieron públicamente el sacramento de ordenación –consolamentum– de manos del prelado de Toulouse, Guilhabert de Castres. Como «buenas mujeres», Esclarmonda se retiró a una «casa» religiosa que ella misma había abierto en Fanjeaux y su cuñada Felipa se instaló en otra en Dun, al sur de Toulouse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario