STUNTS (desde El Puerto de Santa María)


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HOMENAJE A CERVANTES (3)

En el anterior capítulo dejamos a D. Quijote cenando y dispuesto a velar las armas durante toda la noche para, al amanecer, ser nombrado caballero. El encargado de esta noble misión será el "alcaide de la fortaleza", a la sazón el dueño de la venta. Tras varios avatares es, en efecto, armado caballero y dispuesto, al fin, a correr aventuras para proteger a desvalidos y damas en peligro. Decide, pues, salir de la venta y dirigirse a su casa a por dinero y camisas y, por supuesto, a encontrar un escudero.

Cabalga D. Quijote sobre Rocinante y, de repente, escucha unas voces y ayes. Se dirige hacia donde provienen y ve una mula atada a una encina y en otra, también atado, a un zagal de unos quince años con la parte de la cintura para arriba desnuda recibiendo azotes de un labriego.

"Viendo Don Quijote lo que pasaba, con voz airada dijo: descortés caballero, mal parece tomaros con quien defender no se puede; subid sobre vuestro caballo y tomad vuestra lanza, (que también tenía una lanza arrimada a la encina, adonde estaba arrendada la yegua) que yo os haré conocer ser de cobardes lo que estáis haciendo.
El labrador, que vió sobre sí aquella figura llena de armas, blandiendo la lanza sobre su rostro, túvose por muerto, y con buenas palabras respondió: señor caballero, este muchacho que estoy castigando es un mi criado, que me sirve de guardar una manada de ovejas que tengo en estos contornos, el cual es tan descuidado que cada día me falta una, y porque castigo su descuido o bellaquería, dice que lo hago de miserable, por no pagarle la soldada que le debo, y en Dios y en mi ánima que miente. ¿Miente, delante de mí, ruin villano? dijo Don Quijote. Por el sol que nos alumbra, que estoy por pasaros de parte a parte con esta lanza: pagadle luego sin más réplica; si no, por el Dios que nos rige, que os concluya y aniquile en este punto: desatadlo luego. El labrador bajó la cabeza, y sin responder palabra desató a su criado, al cual preguntó Don Quijote que cuánto le debía su amo. El dijo que nueve meses, a siete reales cada mes. Hizo la cuenta Don Quijote, y halló que montaban sesenta y tres reales, y díjole al labrador que al momento los desembolsase, si no quería morir por ello. Respondió el medroso villano, que por el paso en que estaba y juramento que había hecho (y aún no había jurado nada), que no eran tantos, porque se le había de descontar y recibir en cuenta tres pares de zapatos que le había dado, y un real de dos sangrías que le habían hecho estando enfermo. Bien está todo eso, replicó Don Quijote; pero quédense los zapatos y las sangrías por los azotes que sin culpa le habéis dado, que si él rompió el cuero de los zapatos que vos pagásteis, vos le habéis rompido el de su cuerpo, y si le sacó el barbero sangre estando enfermo, vos en sanidad se la habéis sacado; así que por esta parte no os debe nada. El daño está, señor caballero, en que no tengo aquí dineros: véngase Andrés conmigo a mi casa, que yo se los pagaré un real sobre otro...".
D. Quijote se larga creyendo haber solventado el asunto, pero, como os podéis imaginar, una vez que desaparece, el labrador Juan Haldudo, vecino de Quintanar, vuelve a atar al muchacho y le arrea una somanta de latigazos que casi lo mata. Por fin, lo desata y lo deja ir burlándose de él e indicándole que vaya a buscar al "desfacedor" de agravios.
El valeroso Don Quijote  "contentísimo de lo sucedido, pareciéndole que había dado felicísimo y alto principio a sus caballerías, con gran satisfacción de sí mismo iba caminando hacia su aldea, diciendo a media voz: Bien te puedes llamar dichosas sobre cuantas hoy viven en la tierra, oh sobre las bellas, bella Dulcinea del Toboso, pues te cupo en suerte tener sujeto y rendido a toda tu voluntad y talante a un tan valiente y tan nombrado caballero, como lo es y será Don Quijote de la Mancha, el cual, como todo el mundo sabe, ayer recibió la orden de caballería, y hoy ha desfecho el mayor tuerto y agravio que formó la sinrazón y cometió la crueldad; hoy quitó el látigo de la mano a aquel despiadado enemigo que tan sin ocasión valpuleaba a aquel delicado infante...".

PUEBLOS ARAGONESES

MALLÉN
www.mallen.es


SONDEO

http://elelectoral.com/2016/04/podemos-caeria-5-puntos-unas-nuevas-elecciones-cs-seria-tercera-fuerza/

TAL DÍA COMO HOY...

Quizá muchos y muchas conozcáis los Tratados de Alcaçovas (1479) y Tordesillas (1494) en los que se fijaban los límites de las tierras exploradas en África, América y Asia entre portugueses y castellanos. Pero, es muy probable, que no conozcáis el Tratado de Zaragoza (22/IV/1529).
La disputa por las “Islas de las especiería” (clavo, pimienta, canela y nuez moscada), es decir, las Molucas (http://es.wikipedia.org/wiki/Islas_Molucas), tras la llegada de Magallanes y Elcano  –en realidad llegó Elcano, pues Magallanes había muerto en las Filipinas a flechazos de los indígenas- en la 1ª Vuelta al mundo, suscitó un arduo enfrentamiento entre Carlos V (I de España) y su cuñado, el rey de Portugal Juan III. El futuro emperador, que se encontraba en Lérida camino de Roma para ser investido, delegó en Mercurino de Gattinara, en fray García de Loaisa y en el comendador calatraveño García de Padilla para que llegasen a un acuerdo con el embajador plenipotenciario portugués Antonio de Acevedo Coutiño. El asunto se resolvió mediante el pago de Portugal de 350.000 escudos de oro y unas concesiones de dominio territorial y marítimo al país vecino.

El tema quedaría definitivamente zanjado al incorporar Felipe II el reino luso a los dominios españoles.

BUEN TIEMPO PARA EL GRAN PREMIO DE JEREZ


NOTICIA COMARCAL


IMÁGENES PORTUENSES




NUEVO LOCAL EN VALDELA

En la Avenida de la Paz, antiguo "7".

ESTRENOS DE CINE

  • Poster Los milagros del cielo
    Los milagros del cielo

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    Toro
  • Poster Cegados por el sol
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MUNDIAL DE MOTOCICLISMO

Próxima parada: Jerez


VIÑETAS





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