HOMENAJE A CERVANTES (5)
Mientras Alonso Quijada convalece de la caída, el ama y la sobrina van quemando los libros arrojados por la ventana. A los dos días, D. Quijote propone al labriego Sancho Panza que sea su escudero, aceptando éste con la promesa de ser gobernador de una ínsula. Tras vender y empeñar, recaba algo de dinero y decide salir de nuevo a la aventura y, al amanecer, ocurre el famoso episodio de los molinos:
"En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vió, dijo a su escudero: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. ¿Qué gigantes? dijo Sancho Panza.
Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho Panza a socorrerle a todo el correr de su asno, y cuando llegó, halló que no se podía menear, tal fue el golpe que dio con él Rocinante. ¡Válame Dios! dijo Sancho; ¿no le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no los podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza? Calla, amigo Sancho, respondió Don Quijote, que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza, cuanto más que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón, que me robó el aposento y los libros, ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo han de poder poco sus malas artes contra la voluntad de mi espada. Dios lo haga como puede, respondió Sancho Panza".
OCHENTEROS
The Long Ryders - Looking For Lewis and Clark (Live OGWT 1985)
https://www.youtube.com/watch?v=QhGJdMv0114HOY SE CUMPLEN 30 AÑOS
¿Sabes los nombres de los jugadores?
Gol de Rubén Sosa.Final Copa del Rey 1986.
FC Barcelona 0 Real Zaragoza 1
https://www.youtube.com/watch?v=KNQgzgix0qITAL DÍA COMO HOY
Hace cuarenta años, Portugal y España eran los dos únicos países de Europa occidental que seguían gobernados por dictaduras fascistas. El ancestral raquitismo político y cultural de nuestro país, hizo que fuese Portugal el primero de los dos que decidió acabar con esa lacra. Ocurrió tal día como hoy de 1974, cuando cientos de capitanes de abril apuntillaron con sus fusiles aclavelados a un sistema que pretendía perpetuarse a lomos de un colonialismo anacrónico y de un autoritarismo abominable.
Texto completo:
http://www.cronicadearagon.es/wordpress/editorial/grandola-vila-morena
(Del fb de JMTP).
Texto completo:
http://www.cronicadearagon.es/wordpress/editorial/grandola-vila-morena
(Del fb de JMTP).
TAL DÍA COMO HOY
La Batalla de Almansa
Cuando en el verano de 1705 el Archiduque Carlos toma Barcelona, desembarcando un ejército anglo-holandés, se produce la fractura entre la Corona de Castilla y la de Aragón. Los territorios de Cataluña, Aragón, Valencia y las Baleares comenzarán a apoyar mayoritariamente la opcion del archiduque, que es proclamado como Carlos III en Madrid en el verano de 1706, cuando su ejército, procedente de Portugal, entra en la Capital del reino.
Sin embargo, el choque entre los ejércitos del Duque de Berwick, con 25.000 franco-españoles y los 18.000 anglo-luso-holandéses del Marqués Das Minas y el Conde Galway, en Almansa el 25 de abril de 1707, dará la vuelta a la situación, haciendo perder al archiduque no solo el reino de Valencia, sino, probablemente la guerra y la corona de España.
Aunque todavía se alargará otros 7 años, la Guerra de Sucesión Española está prácticamente perdida, al menos en su escenario peninsular, para los aliados, tras el enorme desastre que resulta de la pérdida de su ejército en los campos de Almansa.
Las consecuencias de la batalla se harían notar dos meses más tarde, ya que Felipe V de Borbón firmó el 29 de junio el Decreto de Nueva Planta por el que eran abolidos los Fueros, privilegios, práctica y costumbre de Aragón.
(Autor y ubicación del cuadro).
HOMENAJE A CERVANTES (4)
En la primera parte de El Quijote, cuando Alonso Quijada regresa vapuleado de su primera salida al caerse de Rocinante, el ama y la sobrina piden al barbero Maese Nicolás y al cura Pero Pérez (licenciado en Sigüenza) que quemen los libros de la biblioteca, a los que acusan de haber secado el cerebro del hidalgo. El cura y el barbero suben a la biblioteca y comienzan a elegir los libros que irán a la hoguera, de los que se salvan pocos: Amadís de Gaula, Tirant Lo Blanc, La Galatea, del propio Cervantes, y poco más. Cuando terminan sellan la habitación y al despertar Don Quijote, le cuentan la milonga de que la biblioteca ha desaparecido por el encantamiento de un mago. Don Quijote, claro, se lo cree a pies juntillas y barrunta que habrá sido el encantador Frestón, acérrimo enemigo en el juicio perdido del Caballero de la Triste Figura.
He aquí los últimos libros que perdonan de la hoguera el barbero y el bachiller:
"...Este es, siguió el barbero, el Cancionero de López Maldonado. También el autor de ese libro, replicó el cura, es grande amigo mío, y sus versos en su boca admiran a quien los oye, y tal es la suavidad de la voz con que los canta, que encanta; algo largo es en las églogas, pero nunca lo bueno fue mucho, guárdese con los escogidos. Pero ¿qué libro es ese que está junto a él? La Galatea de Miguel de Cervantes, dijo el barbero. Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención, propone algo y no concluye nada. Es menester esperar la segunda parte que promete; quizá con la enmienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega; y entre tanto que esto se vé, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre. Que me place, respondió el barbero; y aquí vienen tres todos juntos: la Araucana de don Alonso de Ercilla; la Austríada de don Juan Rufo, jurado de Córdoba y el Montserrat de Cristóbal de Virues, poeta valenciano. Todos estos tres libros, dijo el cura, son los mejores que en verso heroico, en lengua castellana están escritos, y pueden competir con los más famosos de Italia: guárdense como las más ricas prendas de poesía que tiene España. Cansóse el cura de ver más libros, y así a carga cerrada, quiso que todos los demás se quemasen; pero ya tenía abierto uno el barbero que se llamaba Las lágrimas de Angélica. Lloráralas yo, dijo el cura en oyendo el nombre, si tal libro hubiera mandado quemar, porque su autor fue uno de los famosos poetas del mundo, no sólo de España, y fue felicísimo en la traducción de algunas fábulas de Ovidio".
He aquí los últimos libros que perdonan de la hoguera el barbero y el bachiller:
"...Este es, siguió el barbero, el Cancionero de López Maldonado. También el autor de ese libro, replicó el cura, es grande amigo mío, y sus versos en su boca admiran a quien los oye, y tal es la suavidad de la voz con que los canta, que encanta; algo largo es en las églogas, pero nunca lo bueno fue mucho, guárdese con los escogidos. Pero ¿qué libro es ese que está junto a él? La Galatea de Miguel de Cervantes, dijo el barbero. Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención, propone algo y no concluye nada. Es menester esperar la segunda parte que promete; quizá con la enmienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega; y entre tanto que esto se vé, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre. Que me place, respondió el barbero; y aquí vienen tres todos juntos: la Araucana de don Alonso de Ercilla; la Austríada de don Juan Rufo, jurado de Córdoba y el Montserrat de Cristóbal de Virues, poeta valenciano. Todos estos tres libros, dijo el cura, son los mejores que en verso heroico, en lengua castellana están escritos, y pueden competir con los más famosos de Italia: guárdense como las más ricas prendas de poesía que tiene España. Cansóse el cura de ver más libros, y así a carga cerrada, quiso que todos los demás se quemasen; pero ya tenía abierto uno el barbero que se llamaba Las lágrimas de Angélica. Lloráralas yo, dijo el cura en oyendo el nombre, si tal libro hubiera mandado quemar, porque su autor fue uno de los famosos poetas del mundo, no sólo de España, y fue felicísimo en la traducción de algunas fábulas de Ovidio".
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