ZARAGOZA EN EL S. XIX (2)
Ligado a este crecimiento demográfico, el urbanismo de la ciudad va a sufrir grandes modificaciones, sobre todo a partir de los años 30 de esta centuria, como reflejo también del nuevo papel social de la burguesía y como resultado de la gran disponibilidad de suelo generada por las desamortizaciones. No obstante, Zaragoza desaprovecha la oportunidad para plantear la planificación de sus ensanches y la ciudad se orienta hacia una reforma interna del casco antiguo, plasmada en la apertura de grandes vías: en 1833 se proyecta el Salón de Santa Engracia (llamado Paseo de la Independencia desde 1860), en el que se instalará la nueva burguesía; en 1835 se ordena la Plaza de la Constitución (actual Plaza de España), en 1857 se alinea o reordena la calle de Don Jaime I, y, en 1868, se abre la calle de Alfonso I. Estas grandes vías, que sirven de espacio de recreo y símbolo de la nueva burguesía, cumplen también una función higienista, en boga en una época marcada por graves epidemias. Precisamente ésta es la causa de la inauguración, en junio de 1834, del nuevo cementerio municipal de Torrero. En 1836 se inicia el empedrado de las calzadas y en 1837 el alumbrado de las calles con faroles de reverbero. A este momento corresponde también la apertura de nuevos puentes sobre el rio Ebro, como el puente del ferrocarril en la Almozara o el Puente del Pilar (o Puente de Hierro), en 1895.
Uno de los factores que más va a influir en el cambio de la fisonomía urbana de Zaragoza es la llegada del ferrocarril en 1861. La ciudad pasa a convertirse en centro de comunicaciones de todo el nordeste peninsular, lo que originará grandes cambios económicos y condicionará su posterior evolución urbana. El 16 de septiembre de 1861 se inaugura la línea Barcelona -Zaragoza; en 1864 el ferrocarril entre Madrid y Zaragoza llega a la Estación del Sepulcro, y ese mismo año se termina la línea Zaragoza-Pamplona, que enlazaría Madrid con lrún. En 1887 a las estaciones del Norte y del Campo del Sepulcro se une la de Cariñena.
Entre los grandes edificios construidos en este periodo destacan -en la imagen- el Matadero Municipal (1885, sede en principio de la Exposición Aragonesa) y la Facultad de Medicina y Ciencias (1893), ambos obra de Ricardo Magdalena En 1892 se reconstruía la iglesia de Santa Engracia y en 1893 se derribaba la Torre Nueva; en 1875 se fundan el Banco de Crédito de Zaragoza y la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza (1876), inicio de la actual Ibercaja; en 1887 se instalan los primeros teléfonos en la ciudad (15 abonados), y los primeros tranvías (tirados por mulas hasta 1902) aparecen en 1885 para comunicar la plaza de la Constitución con los barrios periféricos (Torrero, San José, Delicias).
AYER COMIMOS...
Esta maravillosa paella de conejo realizada con arroz bomba "La fallera". No quise echarle pollo y se me habían acabado los garrofones; pero sí llevaba judías verdes y pimentón. Suculenta.
LECTURA
SOLO ELLA SABE LO QUE SUCEDIÓ.
SOLO YO PUEDO HACERLA HABLAR.
Alicia Berenson, una pintora de éxito, dispara cinco tiros en la cabeza de su marido, y no vuelve a hablar nunca más. Su negativa a emitir palabra alguna convierte una tragedia doméstica en un misterio que atrapa la imaginación de toda Inglaterra.
Theo Faber, un ambicioso psicoterapeuta forense obsesionado con el caso, está empeñado en desentrañar el misterio de lo que ocurrió aquella noche fatal y consigue una plaza en The Grove, la unidad de seguridad en el norte de Londres a la que Alicia fue enviada hace seis años y en la que sigue obstinada en su silencio. Pronto descubre que el mutismo de la paciente está mucho más enraizado de lo que pensaba. Pero, si al final hablara, ¿estaría dispuesto a escuchar la verdad?