Cualquier relación solvente de hoteles con encanto debe citar a éste
entre los más seductores de Europa. Su añeja elegancia evoca: novelas
(Una Habitación con vistas, de Foster), películas (Grand Hotel, de
Edmund Goulding, con Greta Garbo), poemas (Hotel Regina, de Joan
Margarit) y pinturas (Habitación de Hotel, de Edward Hopper). Su
presencia define una de las plazas más acogedoras y céntricas de la
ciudad histórica, antiguo compás del Convento de San Francisco, hoy
recoleto lugar semejante a los del Barrio Latino de París, con sus
veladores siempre llenos de alegre paisanaje; tal vez por eso los
nombres de sus establecimientos recuerdan la capital europea. La torre
del Convento, separada de éste y construida en 1669, parece formar parte
del Hotel a cuya elegante fachada ecléctica se adosa. En el interior,
la cúpula del hall es una versión discreta del Palace madrileño. Se
recomienda alguna habitación con balcón isabelino a la plaza que ofrce
al hotel sus salones, bares y comedores, pero muy especialmente las 312 y
415 con terraza lateral junto a la vieja torre. Por 70€ diarios todo un
lujo que muchos prefierimos al confort convencional de los modernos
establecimientos. Desde luego no hay mayor comodidad que disfrutar una
estancia excepcional en el corazón de nuestro “barco de piedra”.
Julio Malo.
Este Hotel me trae muy buenos recuerdos ya que estuve alojado en él cuando aprobé las oposiciones, allá por el año 1977.

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