Extracto de un artículo de Pedro Ingelmo en www.diariodecadiz.es.
El 15 de septiembre de 2008 DiariodeCádiz titulaba
en primera página "Lehman Brothers quiebra y causa un terremoto en el
sector financiero". La cosa pintaba seria, pero tampoco para llevarnos
las manos a la cabeza contando con que sólo afectaba a 66 fondos
españoles. Parecía que unos cuantos ricos iban a perder algo de dinero.
En fin, qué se le iba a hacer. Madonna actuaba en Sevilla y empezaba el
curso escolar con 600 profesores de baja -el estrés posvacacional, ya se
sabe-. Chaves, entonces presidente de la Junta -hoy señalado, pero no
imputado, en el caso de los ERE fraudulentos-, abogaba por subir el
sueldo a los profesores, los mismos que se han quedado el último año sin
pagas extras y han visto reducido un sueldo entre un 5 y un 15%.
Por lo demás, la vida seguía. Ruibal, pregonero del carnaval, y
Antonio Moreno, ex alcalde de San Fernando, volvía a las aulas. Un hecho
verdaderamente desconcertante esto de que un político volviese a su
actividad profesional. La UCA, mientras, nombraba doctores honoris causa
a Marcelino Camacho y Nicolás Redondo, patriarcas del sindicalismo
moderno, que hoy se despeña con cotas de desconfianza nunca vistas.
Fueron pasando las semanas y, aunque el Gobierno de Zapatero lo
negaba, empezaba a germinar un sentimiento extraño. Algo estaba pasando.
Revisando datos estadísticos a princpios de 2009 observé un ligero
incremento en las tasas de morosidad en la provincia, que se ponía por
encima de los cinco puntos. Quedé a tomar un café con un viejo amigo con
un altísimo cargo en una entidad de ahorros. Le pedí que me contara qué
estaba pasando dentro. Me mostró su preocupación, aunque me afirmó, no
sé si engañándome o engañándose, que la tormenta pasaría. Dijo que era
cierto que preocupaban los datos de morosidad y que no le extrañaría que
la tasa creciera en la provincia dos o tres puntos más. "En Cádiz
siempre tenemos algún punto más de morosidad que el resto del país, pero
no creo que llegue a alcanzar el 9%, como en la crisis de principios de
los 90 cuando el crédito era tan caro". Lo era. Un 18%, rozando la
usura. Sin embargo, en el inicio de la crisis el dinero era barato,
demasiado barato, admitía el directivo, y muchos bancos -"nosotros no"-
no habían medido bien los riesgos. Afortunadamente, decía mi amigo,
"nosotros no nos hemos sobreexpuesto al ladrillo y tenemos la suerte de
contar con un sistema financiero fuerte y muy controlado. El único
problema es la confianza, los bancos no se prestan entre ellos a la
espera de que escampe, que escampará". No escampó. Mi amigo perdió el
puesto de trabajo -una prejubilación- en 2010 y la entidad de ahorros en
la que trabajaba fue absorbida por orden gubernamental. Bueno, seamos
exactos: la entidad de ahorros en la que trabajaba mi amigo ya no
existe. El retrato de este tiempo puede verse en la multitud de oficinas
bancarias cerradas y cajeros sellados. En la provincia hay un centenar
de oficinas menos que hace cinco años.
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