De esta forma, el máximo dirigente de esta institución académica ha acabado dando la razón, siendo consciente o no de ello, a quienes buscan boicotear los actos públicos en los que participan personajes con ideologías diferentes a las suyas. Con esta más que reprobable actitud, el rector de la Universidad de Zaragoza abre un peligrosísimo precedente.
La crítica en una sociedad democrática es importante y sana, pero debe realizarse por los cauces que el Estado de Derecho garantiza. Nadie se hubiera opuesto a que los exteriores del Paraninfo de la Universidad se hubieran llenado de detractores de la política educativa del ministro Wert, de la Monarquía, o de que haya cierzo en Zaragoza, pero siempre dentro de los cauces legales. De hecho, el rector debería de haber telefoneado a la Delegación del Gobierno de España en Aragón para solicitar refuerzos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en el caso de prever que esos cauces legales podrían no cumplirse. Pero nunca llegar a afirmar que “no puede garantizar la seguridad de los invitados”, como si España fuera Afganistán y los invitados estuvieran rodeados de terroristas talibanes.
El camino más fácil es el que ha tomado este jueves y que hay que recordar que no se escogió en un caso mucho más preocupante, el pasado 27 de septiembre, cuando la Facultad de Económicas acogió una charla bajo el nombre "El nuevo tiempo político en Euskal Herria", en el que iban a participar Oskar Matute, de Bildu, y Juan Kruz Aldasoro, de Sortu e imputado por pertenecer a la mesa nacional de Batasuna. Finalmente, no pudo celebrarse por los disturbios que se desarrollaron, pero en aquella ocasión sí pidió ayuda del Cuerpo Nacional de Policía.
La cancelación de este acto no tiene marcha atrás, pero las numerosas voces, desde todos los sectores, en contra de su decisión debería hacerle pensar que ha sido una grandísima equivocación.
(Editorial de www.aragondigital.es).
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