CHINOS

Del mismo modo que el clima moldea los paisajes, la economía determina la organización sociopolítica de los seres humanos. Treinta y cinco años después de que el pragmático Deng Xiaoping comenzara a construir en China la “economía socialista de mercado”, el Comité Central del Partido “Comunista” de China (PCCh) acaba de aprobar una resolución trascendental para el futuro del gigante asiático, y por ende, del resto del planeta.
Entre muchos párrafos de palabrería dedicada a elogiar el modelo “socialista”, los camaradas proclaman su apuesta por encontrar “la relación adecuada entre el Gobierno y el mercado, y por dejar que el mercado juegue el papel decisivo en la asignación de recursos”.
No deja de llamar la atención esta última propuesta, teniendo en cuenta que la Humanidad ya ha comprobado científicamente en muchas épocas históricas (la última, la actual) que el libre mercado nunca ha sido capaz de asignar los recursos de forma justa y eficiente entre la población de un determinado territorio. De lo que sí es capaz el mercado libre (o al menos, el mercado libre carente de regulación) es de incrementar las fortunas de los más ricos, a costa de empobrecer a todos los demás.
Por ello, lo único que han hecho los esclerotizados funcionarios del PCCh es adaptar el modelo sociopolítico a la realidad económica del país, tras veinte años de dualidad imposible entre maoísmo político y ultraliberalismo económico. Una dualidad que niega los Derechos Humanos por partida doble, y que sin embargo, es del total agrado de las avanzadas “democracias” occidentales, al haber proporcionado a sus prebostes capitalistas mano de obra semiesclava, facilidades institucionales para la inversión y astronómicos beneficios empresariales.
Así pues, este viraje hacia la derecha del Partido “Comunista” Chino tiene como objetivo beneficiar a los nuevos ricos del país, a las élites gobernantes, y por supuesto, a los inversores occidentales, que se verán más incentivados para colocar en el gigante asiático las unidades productivas que desmantelan en sus países de origen.
De ahí la trascendencia mundial de la decisión tomada por los que rigen la dictadura china. Poner la economía en manos del caprichoso dios Mercado, y favorecer la inmigración interna desde las zonas rurales a las ciudades chinas, con vistas a fortalecer el cuasi monopolio que en estos momentos ejerce China sobre la economía productiva mundial, son dos medidas que pueden contribuir al empobrecimiento de los denominados (hoy casi irónicamente) “países industrializados”.
Cuando esto ocurra, quienes pagarán las consecuencias del desastre no serán las “economías occidentales” sino sólo los trabajadores y pensionistas occidentales, ya que sus compatriotas ricos incrementarán sus fortunas especulando con las condiciones laborales en el paraíso chino de la semiesclavitud. Cuestión de clases. Cosas del mercado.
EDITORIAL DE WWW.CRONICADEARAGON.ES
(Colaboración JMTP).

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