Antonio López Sierra vivía en la calle de San Andrés, en el barrio de
Malasaña. Era común verle acodado en la barra de las tabernas de la
zona. Su mujer, analfabeta, con la que regentaba la portería de un
edificio, lo veía leer El Caso, un periódico de sucesos, y
pensaba que se había convertido en un intelectual. En realidad, López
Sierra estaba trabajando mientras hojeaba el semanario: durante 26 años
(entre 1949 y 1975) fue el verdugo titular de la audiencia territorial
de Madrid.
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