Es preciso destacar, no obstante, que Sobrarbe, de más fácil acceso desde el llano a través de los anchos valles del Cinca y del Ara, soportó durante mucho tiempo la presencia musulmana, de forma que Boltaña debía ser musulmana a comienzos del siglo X.
Los tres territorios, que siguieron caminos paralelos, pero distintos, debieron ser gobernados, en principio, por dinastías condales de procedencia franca o impuestas por los francos. Ahora bien, cuando el Imperio Carolingio se eclipsa a mediados del siglo IX, se convirtieron en dinastías condales independientes.
Aznar Galíndez I inicia en Aragón una dinastía pro-carolingia, pero Galindo Aznárez II representa ya la independencia (893-924), denominándose "conde de Aragón".
La ayuda franca había sido fundamental en la lucha contra los musulmanes, pero la decadencia del Imperio Carolingio y la descomposición del Emirato de Córdoba durante el siglo IX y primer cuarto del siglo X, condujo a los tres condados pirenaicos a la independencia, aunque bastante precaria.
Esta independencia duró poco tiempo. En realidad los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza carecían, de momento, de infraestructura suficiente para sobrevivir por sí solos y, de buen o mal grado, deberán caer ahora en la órbita del Reino de Pamplona, durante el siglo X y primer tercio del XI, lo cual les ayudará a sobrevivir frente al reconstruido poder musulmán del Califato de Abderramán III.
Siete años antes que Abderramán III se proclamara «califa», en 929, el monarca pamplonés Sancho Garcés I (905-925) anexionó a su corona el condado de Aragón, al casarse con la condesa aragonesa Andregoto, y hasta incorporó, amparado en la naturaleza del terreno, una estrecha faja al norte de las Cinco Villas.
La dinastía condal de Ribagorza resistió algo más, pero las incursiones musulmanas de fines del siglo X y comienzos del XI, a punto estuvieron de costarle la independencia, pasando a depender, al fin, del rey pamplonés, entre 1017 y 1025.
Sobrarbe, como en los siglos anteriores, fue presa de su peculiar geografía y vio alternarse el poder de los musulmanes, de los condes ribagorzanos y del rey pamplonés.
Es preciso indicar que, a pesar de la absorción por parte de Pamplona, estos territorios conservaron íntegra su propia identidad, no siendo asimilados al patrimonio de los reyes navarros. De ahí que, por ejemplo, el condado de Aragón, como se sigue titulando, 113 años después de la anexión de Sancho Garcés I, en 1035, recobrará su independencia jurídica y será capaz de engendrar un Reino distinto del pamplonés: El Reino de Aragón.

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