MICRORRELATO

Hacía un par de días que había llegado a Bardallur. El tiempo no era bueno, hacía frío y una neblina persistente daba a la mañana un aspecto grisáceo y un tanto lúgubre. Sin embargo, cogí mi nueva cámara de fotos y salí de casa dispuesto a tirar unos cuantos disparos a todo lo que se pusiera por delante, con el permiso, claro está, de la pertinaz boira. Llegué al bar del “Chispa” y me tomé un café solo. Poca parroquia había a esas horas, el “Rabal” y dos o tres más. Decidí subir a la era de Manosal para realizar desde allí unas instantáneas de la huerta y de Plasencia. La niebla había abierto un poco y pude llevar a cabo mi objetivo. Por la costerica que da a la cueva de la tia Lola, ahora de los “Morrongos”, accedí, dejando los esbarizaculos de la infancia a la derecha, a la calle que lleva hasta el cementerio y a la Costera La Hoz. Subí las escaleras y fui directamente al Mirador. Me encontraba leyendo la información que hay en el lugar cuando, de repente, oí un grito desgarrador. Me volví como un resorte y miré hacia todos los sitios habidos y por haber; no vi nada. Anduve unos cuantos pasos hacia el cementerio y observé que la puerta estaba entornada. Llegué allí y, tras empujar la chirriante cancela, entré, solo un metro. Oteé la superficie rectangular del recinto fúnebre y solo pude divisar las tumbas y nichos de las paredes. Me volví y salí de aquel lugar que tanto respeto me imponía. Cerré la puerta y, un tanto apresurado, enfilé hacia las escaleras para bajar cuanto antes al pueblo. Solo había dado unos cuantos pasos cuando, de nuevo, oí tras de mí, un nuevo grito. Ni siquiera me giré, bajé los escalones lo más rápido que pude y no paré hasta llegar al Trinquete. No lo conté, nadie me hubiera creído, pero estoy seguro de haber oído lo que oí.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Dios mío!¿es verdad o es tu vena literaria? si no es literatura quiero que me lo cuentes con pelos y señales.
CMarín

Anónimo dijo...

Yo apostaría de que es la vena literaria.
Cuando yo era crio pequeño ya se contaba de que en el Barranco se habían apostado una noche a que nadie se atrevía subir al cementerio y como señal clavar un clavo en la puerta que entonces era de madera.
Uno si apostó a que subía y lo hizo. Mas cuando clavó el clavo no se dió cuenta de que al clavar se había cogido el puño de la chaqueta. Al dar por clavado el clavo hizo el ademán de marcharse de la puerta para bajar al pueblo pero al verse "retenido" en aquella oscuridad le dió un ataque de pánico y murio.
Realidad o historia.

Anónimo dijo...

La orografía de Bardallur provoca unos ecos y contra-ecos que según donde se está parece que las campanas suenan por La Coscolleta;no es extraño que se escuche algo raro alguna vez.Por otra parte,la pieza literaria es excelente.

Anónimo dijo...

Mira por mucha orografía, y aun concediendo que haya una explicación lógica a todo ello, un grito como el que aquí se describe, no es un grito cualquiera de los que se van soltando por ahí sin más ni más en un momento determinado. Hay muchas clases de gritos y para ponerte la piel de gallina tiene que tener otras connotaciones. Yo es que me dejo llevar mucho por la imaginación, lo reconozco o a lo mejor es que es más excitante lo que no tiene (o encuentras) explicación. ¿Y...a todo esto, el protagonista qué dice, porque sabemos que mudo del susto no se quedó...)
CMarin

J.I.D. dijo...

Estoy seguro de haber oído lo que oí.

Anónimo dijo...

Y yo te creo, aunque no sepa el origen.
CMarin

Anónimo dijo...

MUY BUENO,EL RELATO..