BUÑUEL Y LAS MUJERES (2)

Jeanne Rucar (1908-1994)
Al poco de llegar a París (1925) conoció Luis a Jeanne en el estudio del pintor Joaquín Peinado –como ya relaté con anterioridad, recordad el episodio del afrodisiaco-.
Para ella, el encuentro con Luis supuso un auténtico coup de foudre (flechazo). El aragonés fornido y mandón, que le llevaba ocho años, le parecía muy guapo y carismático... y no hubo manera de resistir sus atenciones, insistentes desde el primer momento.
Se veían una o dos veces por semana. Una de las primeras cosas que hizo Buñuel fue prohibirle que siguiera practicando la gimnasia “porque mostraba las piernas”. También le prohibió practicar el piano, probablemente para que no viera más al profesor que según parece era atractivo. Eran los síntomas del celoso español que formaban parte de la personalidad del futuro realizador. Se hicieron novios y en 1934 Jeanne se quedó embarazada. Por sus cartas se deduce que Buñuel no sabía lo que hacer. Apenas contestaba y dilataba la respuesta. Es posible que la causa de todas esas dudas se llamase Josefina de la Torre. Su hermana Conchita le presiona y al final se casan, tras ocho años de noviazgo y sin invitar a los padres. Como hombre celoso, sus amigos la veían poco, parecía como si la escondiera.
En 1934, mientras Jeanne estaba embarazada en París preparando la boda, Buñuel tenía “otro amor” aquí en España:
Josefina de la Torre Miralles (1907-2002)
Josefina  era hermana del escritor Claudio de la Torre, amigo de Buñuel de los días de la Residencia de Estudiantes y que le había conseguido un puesto en París como doblador al español en la Paramount.
De gran belleza y muy dotada: pianista, actriz, atleta, cantante y poeta, había colaborado en La Gaceta Literaria, había publicado dos libros de versos y era, a juzgar por sus fotografías, una Lee Miller en versión española, aunque más atlética
La relación  trascendió el plano meramente profesional, hasta el punto de que algunos familiares aseguran que llegaron a hablar de boda. Se trató de algo más que de un flirteo pero desistieron ante la durísima oposición de la madre de Josefina”.
Pero eso no es todo porque por aquellos años también había otra mujer. Y esta estaba profundamente enamorada de Luis: Tota Cuevas.
 

María de las Mercedes Adela Atucha y Llavallol (1887-1970)
Conocida como Tota, fue la condesa de Cuevas de Vera, nacida en Buenos Aires y casada con el noble español Carlos Caro y Potestad, I Conde de Cuevas de Vera. Era 13 años mayor que Buñuel y, aunque no era muy agraciada físicamente, aunaba toda una serie de características muy singulares de la modernidad y estaba  muy integrada dentro del ambiente surrealista.
Ese modo de vida desinhibido resultaba escandaloso para la pacata sociedad de la época; por los salones circulaban anécdotas dudosas, pero convertidas en mitos.[13bis]
Tota se va a convertir en una de las personas más decisivas de los años oscuros de Buñuel pues, tras los años de máxima intensidad (1934-1936) de su relación, reaparecería en varias ocasiones en el período de su exilio americano.

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