BUÑUEL Y LAS MUJERES (3)

En el año 1935, durante el rodaje de La hija de Juan Simón, Buñuel se enamoró de una chica de 18 años. Iban de excursión a la sierra, a los bailes de “La Bombilla”…, pero la relación fue totalmente casta pues Luis la respetaba. Sin embargo, un día, se presentó en su casa un hombre  conocido que le espetó que se había acostado con la muchacha y que sabía que iban a ir de excursión. Buñuel se quedó estupefacto y (sic) “ese mismo día, a las cuatro, Pepita vino a verme. Sin hablarle de la visita de su amante, disimulando mis sentimientos, le dije:

—Mira, Pepita, tengo que proponerte una cosa. Me gustas mucho y quiero que seas mi amante. Te doy dos mil pesetas al mes, sigues viendo con tu madre, pero haces el amor conmigo. ¿Aceptas?
Ella pareció sorprendida, me respondió sólo con unas pocas palabras y aceptó. Seguidamente, le pedí que se desnudara, le ayudé a hacerlo y la estreché, desnuda, entre mis brazos. Pero el nerviosismo, emoción, me paralizaron.

Media hora después, le propuse que fuéramos a bailar. Montamos en mi coche, pero, en vez de dirigirme hacia la Bombilla, salí de Madrid. A unos dos kilómetros de Puerta de Hierro, detuve el automóvil hice bajar a Pepita al arcén y le dije:


—Pepita, sé que te acuestas con otros hombres. No me digas que no. Así que adiós. Ahí te quedas.

Di media vuelta y regresé solo a Madrid, dejando que Pepita yo viese a pie. Nuestras
relaciones terminaron aquel día. Volví a verla varias veces en el estudio, pero no le dirigí la palabra más que para indicaciones puramente profesionales. Y así terminó mi historia de amor.

Para ser sincero, me arrepentí de mi actitud y todavía lamento haberla adoptado entonces.

En la época de nuestra juventud, el amor nos parecía un sentimiento poderoso, capaz de transformar una vida. El deseo sexual, que le era inseparable, se acompañaba de un espíritu de aproximación, de conquista y de participación que debía elevarnos por encima de lo meramente material y hacernos capaces de grandes cosas".

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