Se cuenta que en el pasado una antigua tribu, aficionada a la lógica y la argumentación (quién sabe si más que en nuestros días), capturó a un veterano explorador poco dado a entablar conversación con extraños.
El explorador, durante el juicio, no pronunció ni una palabra. Con tan pobre defensa fue condenado a muerte y se le dio a elegir entre ser quemado en la hoguera o envenenado.
Antes de la ejecución, se le concedió la gracia de pronunciar su última (y única) frase; de tal modo que si la frase resultaba ser cierta moriría por la acción del veneno, y si falsa por la del fuego.
Entonces fue cuando el explorador demostró sus sobradas dotes para la lógica, pues dijo: “Moriré en la hoguera”.
Y aquellos lógicos nativos no tuvieron más remedio que indultarlo.
¿Por qué?
1 comentario:
Inteligente el explorador, si muriese en la hoguera sería cierta, por lo tanto no puede ser.
y no pueden envenenarle porque entonces sería falso.
¿Quizá fue exploradora?
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