"DE LA CECA, A LA MECA"


Conocido es este dicho o refrán para indicar un desplazamiento vagabundeando o vagueando. Al parecer, empezó a utilizarse entre los musulmanes españoles, relacionando "ceca" con la Mezquita cordobesa y "meca", con las peregrinaciones a la ciudad santa de La Meca. Sin embargo, esta expresión se empezó a utilizar más tarde para designar el recorrido de los pícaros desde la Casa de la Moneda sevillana a las almadrabas de los Caños de Meca barbateños o conileñas. En la época de la captura del atún, cientos de pícaros andaluces e, incluso, de otras partes castellanas, como del Lavapiés madrileño o del Prado de la Magdalena vallisoletano, hacían el recorrido para buscarse la vida en las pesquería gaditanas, pues, en algunas de ellas, como la de Zahara, su propietario, el Duque de Medina Sidonia, descendiente de Guzmán "El Bueno" , daba asilo a todo aquel llegaba. Así pues, rufianes y vagabundos y gente de mal vivir, campaban a sus anchas por las playas gaditanas sin que nadie les pidiese cuenta ni nombre. Cervantes, en su obra "La ilustre fregona" cuenta como Carriazo, un muchacho de clase alta, se escapa de la vivienda familiar para graduarse de pícaro en la almadraba de Zahara. Para robar un atún por parte de los pícaros que habían bajado a la "conquista de Túnez" -así llamaban bajar a la almadraba- había varios métodos, o bien matarlo y ponerle gorrillo y capotillo de vagabundo o vestir al pescado con librea y entre cuatro llevarlo al hospital o cubrirle la cabeza con una manta y cercarlo entre diez o doce para arrastralo dicendo que era moro y se había ahogado. Estos métodos de principios del S. XVII, los pone en boca del capitán Alcaparrilla el poeta Félix Persio.

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