Mientras Sancho Panza se adentra en la sierra en busca de su señor Don Quijote, el cura y el barbero se quedan esperando, pero van a encontrarse con algunos personajes que, en sí, forman parte de pequeñas historias: Cardenio, Luscinda, Dorotea...Entre todos urden la forma de que el caballero manchego salga de su penitencia y, cuando lo logran, se produce un diálogo entre ellos. He aquí el resumen y, más abajo, la respuesta del cura a la pregunta de D. Quijote:
Al poco tiempo escucharon que Sancho llegaba y les decía que había encontrado a Don Quijote desnudo y casi muerto de hambre y que había dicho que no aparecería ante su amada, Dulcinea, hasta que se hubiera convertido en un gran caballero digno de su amada.
Acordaron que Dorotea se hiciese pasar por la princesa Micomicona que iba en busca de Don Quijote para que este matase a un gigante. Se subió Dorotea a la mula del cura y así salir en busca de Don Quijote. Cuando Dorotea encontró a Don Quijote le dijo que no podía comenzar otra nueva aventura a menos que vengara primero al que entro en el reino de esta princesa, Don Quijote caballerosamente accedió y le dijo a Sancho que armase a Rocinante que seguirían a la princesa hasta donde ella mandase.
Cuando se encontraron Don Quijote, la princesa y Sancho con el cura, el barbero y Cardenio fingieron un encuentro casual para así acompañarles. Por el camino el cura le contó a Don Quijote que el había ido con el barbero a cobrar unos impuesto pero que se los habían robado unos galeotes que, probablemente, habría liberado un loco. A todo esto Don Quijote no sabia que decir pues había sido él quien liberó a los galeotes.
"...ruego al señor licenciado me diga qué es la causa que le ha traído por estas partes tan solo, tan sin criados, y tan a la ligera, que me pone espanto. A eso yo responderé con brevedad, respondió el cura, porque sabrá vuestra merced, señor Don Quijote, que yo y maese Nicolás, nuestro amigo y nuestro barbero, íbamos a Sevilla a cobrar ciertos dineros que un pariente mío, que ha muchos años que pasó a Indias, me había enviado, y no tan pocos que no pasen de sesenta mil pesos ensayados, que es otro que tal; y pasando ayer por estos lugares, nos salieron al encuentro cuatro salteadores, y nos quitaron hasta las barbas, y de modo nos la quitaron, que le convino al barbero ponérselas postizas, y aún a este mancebo que aquí va (señalando a Cardenio) le pusieron como de nuevo; y es lo bueno que es pública fama por estos contornos, que los que nos saltearon son de unos galeotes que dicen que libertó casi en este mismo sitio un hombre tan valiente, que a pesar del comisario y de las guardas, los soltó a todos; y sin duda alguna él debía estar fuera de juicio, o debe de ser tan grande bellaco como ellos, o algún hombre sin alma y sin conciencia, pues quiso soltar al lobo entre las ovejas, a la raposa entre las gallinas, a la mosca entre la miel; quiso defraudar la justicia, ir contra su rey y señor natural, pues fue contra sus justos mandamientos. Quiso, digo, quitar a las galeras sus pies, poner en alboroto la Santa Hermandad, que había muchos años que reposaba; quiso, finalmente, hacer un hecho por donde se pierda su alma y no se gane su cuerpo. Habíales contado Sancho al cura y al barbero la aventura de los galeotes, que acabó su amo con tanta gloria suya, y por esto cargaba la mano el cura refiriéndola, por ver lo que hacía o decía Don Quijote, al cual se le mudaba la color a cada palabra; y no osaba decir que él había sido el libertador de aquella buena gente. Estos, pues, dijo el cura, fueron los que nos robaron. Que Dios por su misericordia se lo perdone al que no los dejó llevar al debido suplicio".

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