Editorial | Que se vayan todos
Después de que la cortedad de miras y el tacticismo de los partidos y sus líderes provocara una repetición innecesaria e injustificada de las elecciones, cabría esperar de los principales dirigentes que el reconocimiento de su fracaso y el sentido de Estado que se les supone les hiciera comprender la urgencia de dotar a España de un Gobierno. Lejos de ello, en las tres semanas transcurridas desde el 26-J, los más significativos jefes políticos se han dedicado a perder el tiempo de forma lamentable.
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