A las 3 y cuarto de la madrugada del 27 de agosto, Madrid conocía por primera vez un bombardeo real.
Un avión enemigo sobrevoló a gran altura sobre diferentes partes de Madrid, pero en otras partes de la capital como Cuatro Caminos y Tetuán sobrevoló sólo a 200 metros.
El avión arrojó proclamas para que los milicianos entregaran sus armas en los cuarteles. Luego fue a los aeródromos de Cuatro vientos y Getafe, arrojando tres bombas en cada uno. Se produjo la primera muerte de un soldado por bombardeo en Madrid.
Debido a esta situación, se dieron unas normas que los ciudadanos debían seguir: no podían salir a la calle si no era para buscar refugio y se prohibía
En la madrugada del 27 al 28, un Junkers alemán lanzó varias bombas incendiarias sobre el Ministerio de la Guerra y la Estación Norte. A partir de ese día, empezaron a producirse un gran número de ataques aéreos, en muchas ocasiones dirigidos directamente a la población civil buscando una desmoralización del bando republicano.

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