HACE 425 AÑOS


Por estas fechas de 1591, se produjeron en Zaragoza una serie de "alteraciones" provocadas por la orden real del traslado de Antonio Pérez a la cárcel que la Inquisición tenía en la Aljafería. Pérez, secretario del rey Felipe II, había caído en desgracia tras ser acusado del asesinato de Juan Escobedo, secretario de D. Juan de Austria, por lo que fue arrestado, aunque por corrupción. Pudo escapar de prisión y se dirigió a Aragón donde se acogió al derecho de Manifestación por ser hijo de aragoneses, contando, además, con la ayuda de algunos nobles (el duque de Villahermosa, el conde de Aranda...). El pueblo zaragozano viendo que contravenían lo Fueros al trasladar al preso a la Aljafería, se rebeló contra los militares, mataron al marqués de Almenara y sacaron a Pérez de la cárcel inquisitorial -el exsecretario había sido condenado por hereje por blasfemia y debía ser juzgado por el Santo Oficio-. El gran descontrol que se produjo fue aprovechado por Pérez para escapar de Zaragoza. Sin embargo, pronto volvería, aunque para salir definitivamente el 10 de noviembre de ese mismo año camino de Francia.
Desde su salida, la conspiración contra Aragón fue su obsesión. Primero, junto a otros aragoneses huídos, trató de invadir Aragón, pero  fueron  repelidos por montañeses,  jaqueños y oscenses. Asimismo imprimió un folleto narrando los motines aragoneses reflejados arriba y describiendo las aventuras desde su primera prisión. Posteriormente pasó a Inglaterra al servicio de la reina Isabel entre 1592-1595, y subvencionado por el conde de Essex publicó las Relaciones, al tiempo que participaba en la preparación de un ataque a España que se llevó a cabo en las costas de Cádiz en 1596. Nuevamente retornó a Francia llamado por Enrique IV, donde estuvo intrigando para conseguir la alianza de Francia e Inglaterra contra Felipe I. 
Las buenas relaciones entre Francia y España a partir de la paz de Vervins (1598) eliminaron de la escena política a Antonio Pérez, quien pasó los últimos años de su vida en el olvido. Muerto en París, fue enterrado en el claustro de los celestinos; su sepulcro desapareció durante la Revolución francesa. Tras su muerte, la Inquisición, en 1615, revocó la sentencia que contra él se había pronunciado por supuesto delito de herejía.

(En la imagen, cuadro del barcelonés Ferrán Bayona (1835-1896) que representa la liberación de Antonio Pérez de la cárcel inquisitorial).

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