Desde su salida, la conspiración contra Aragón fue su obsesión. Primero, junto a otros aragoneses huídos, trató de invadir Aragón, pero fueron repelidos por montañeses, jaqueños y oscenses. Asimismo imprimió un folleto narrando los motines aragoneses reflejados arriba y describiendo las aventuras desde su primera prisión. Posteriormente pasó a Inglaterra al servicio de la reina Isabel entre 1592-1595, y subvencionado por el conde de Essex publicó las Relaciones, al tiempo que participaba en la preparación de un ataque a España que se llevó a cabo en las costas de Cádiz en 1596. Nuevamente retornó a Francia llamado por Enrique IV, donde estuvo intrigando para conseguir la alianza de Francia e Inglaterra contra Felipe I.
Las buenas relaciones entre Francia y España a partir de la paz de Vervins (1598) eliminaron de la escena política a Antonio Pérez, quien pasó los últimos años de su vida en el olvido. Muerto en París, fue enterrado en el claustro de los celestinos; su sepulcro desapareció durante la Revolución francesa. Tras su muerte, la Inquisición, en 1615, revocó la sentencia que contra él se había pronunciado por supuesto delito de herejía.
(En la imagen, cuadro del barcelonés Ferrán Bayona (1835-1896) que representa la liberación de Antonio Pérez de la cárcel inquisitorial).

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