Las mujeres del bando sublevado que habían quedado en zonas afectas a la República guardaban silencio, eran las perdedoras. También ellas sufrieron. Algunas fueron obligadas a limpiar las calles, las casas de los Comités de Guerra, los Ayuntamientos y los edificios donde estaban acuarteladas las tropas milicianas. Algunos de sus maridos fueron encarcelados y otros murieron ejecutados o en combate.
Por su parte la mujer republicana que había permanecido en zona en poder de los nacionales, sufrió las vejaciones de los soldados, hombres y mujeres del pueblo -rapados, encarcelamientos, aceite de ricino, violaciones, ejecuciones...- a veces, solo por ser mujer, hija, hermana o novia de un republicano. El rapado de la cabeza era habitual en todos los pueblos, la forma más vil de los rebeldes nacionales de celebrar la victoria.
(En la imagen, grupo de mujeres rapadas. Obsérvese que una de ellas lleva un crucifijo).

1 comentario:
Y siempre había alguna falangista en los pueblos que les decía a las "rojas" que habían quedado viudas por fusilamiento de su marido:
"La que quiera marido, que se vaya a buscarlo a Rusia"
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