LA MUJER REPUBLICANA DURANTE LA GUERRA DE 1936 (y 3)

LAS MILICIANAS.-


El  perfil de las milicianas era el de una mujer joven con gran vinculación política. Las dos principales organizaciones femeninas fueron las Mujeres Libres y la Agrupación de Mujeres Antifascistas. La primera estaba integrada por anarquistas (CNT), mientras que la segunda no tenía una afiliación política específica —aunque predominaban las del PCE (Partido Comunista de España)—, pero incluía a mujeres antifascistas de más de 250 agrupaciones diferentes. En los primeros compases de la guerra, activistas como Dolores Ibarruri "La Pasionaria" (PCE) o Federica Monteseny (CNT), se encargaron de realizar los llamamientos para engrosar las filas republicanas contra los sublevados. Se produjo, entonces,   una «avalancha» de mujeres combatientes que quisieron defender la República y pasaron a formar parte de la milicia armada . El Gobierno no puso pegas a esta iniciativa, pues en los primeros días de la Guerra, toda aportación era bien recibida.
Retrato de una miliciana (Marina Ginestá) realizada por el fotógrafo Juan Guzmán en la azotea del Hotel Colón de Barcelona en julio de 1936. Marina murió hace un par de años en París a los 94 años de edad.

Sin embargo, a pesar de este interés por parte de muchas mujeres, la mentalidad y la estructura de la sociedad no favoreció su continuidad. Más bien lo contrario, ya que, en las estructuras republicanas, el rol (esposa y madre) de la mujer  era conservador y defendían, como la AMA, la división entre hombres y mujeres. De manera que, después de esta ebullición inicial, el Gobierno republicano de Largo Caballero las fue devolviendo a su lugar tradicional para dedicarse a las labores domésticas y al trabajo lejos del frente. Esto no gustó a la organización Mujeres Libres que «no renunciaba a obtener cambios y la igualdad real de forma inmediata», lo que provocó enfrentamientos con la Agrupación de Mujeres Antifascistas.

En octubre de 1936 se publicaron varias disposiciones para evitar que las mujeres combatieran e, incluso, se informó a las oficinas en el extranjero que no se admitirían mujeres en el frente. Esto fue acompañado de la propaganda mediática de desprestigio que pasó de definir a las mujeres como «heroínas patrióticas», a hacerlo como «prostitutas y ninfómanas, una quintacolumnista más peligrosa que las balas, que diezmaba las unidades propagando enfermedades venéreas».



1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy interesante. Me gustaaaa!!!!