ANÁLISIS

Matar un ruiseñor

El odio, la ira, la xenofobia, han llamado a las puertas del despacho oval. El Imperio se ha partido en tres: demócratas, republicanos y “me la suda”. Siempre estuvo latente el carácter intransigente de la América profunda, esa inmensa franja que separa las dos costas, último reducto de la razón. Un país fragmentado en deriva hacia la esquizofrenia social. Es necesario retroceder en el tiempo, a los años 30 del siglo pasado, para encontrar semejanzas entre lo acontecido en estas pasadas elecciones, donde un quince por ciento de la población acaba  de elegir a un paranoico, misógino y con tintes fascistoides.

Texto completo de Moncho Rouco:

(Colab. JMTP).

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