Varios operarios envuelven el cuado de "La familia de Carlos IV", de Goya.
1936, con Madrid asediada por la aviación franquista, la Segunda
República decidió la evacuación de las principales
obras de arte con el fin de preservarlas de los bombardeos. Así, tan
sólo unos días antes de que el Museo del Prado fuera bombardeado el 16
de Noviembre de 1936, se inició un viaje hacia Valencia con más de
20.000. Se consideró que el mejor destino para su custodia era Ginebra (Suiza) y hacia allí se encaminaron. Tras miles de vicisitudes en el camino, las obras
llegaron a Figueras en 1939. La zona estaba sufriendo continuos
bombardeos. La neutralidad internacional provocó la creación, al margen
de los gobiernos y de la Sociedad de Naciones, de un Comité
Internacional para el Salvamento de las Obras de Arte Españolas formado
por personajes anónimos amantes del arte y los principales museos del
mundo, que consiguieron la financiación necesaria para que las obras
cruzaran los Pirineos.
El 3 de febrero de 1939 se firmó con la Segunda
República el Acuerdo de Figueres, que garantizaban que todas las obras
pertenecían al pueblo español y que debían regresar al país al finalizar
la contienda.
Al finalizar la contienda, el Gobierno franquista acusó
a la Segunda República de expolio y demandó la devolución inmediata del
tesoro al Comité Internacional. Ante la presión franquista se
devolvieron las obras de arte. Sin embargo, tras recuperar el material,
"las peticiones de devolución de los gastos por parte del Comité
Internacional no fueron atendidas por Franco que se negó a pagar dicha
deuda".
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