Continúo con mis impresiones sobre lo observado en Bruselas:

1.- Los perros entran a los establecimientos hosteleros e, incluso, los vimos echados en los asientos mullidos como si de un niño se tratara. En algunos bares hay recipientes para que beban agua, como el de la foto en "
À la morte subite". Cerca del edificio de la Bolsa se encuentra, al igual que el meoncito y la meoncita, un perro meón (
zinneke pis).
2.- A pocos minutos de la zona centro, se encuentra Molenbeek-St. Jean, un barrio deprimido poblado de musulmanes de ascendencia marroquí que está considerado un verdadero nido yihadista. Recuerdo comentarle a MJ cuando íbamos en el metro que me llamó la atención la cantidad de jóvenes de estas características que viajaban con mochilas y bolsas de mano con aspecto sospechoso. Afortunadamente, no pasó nada.
3.- El primer día, al ser ya casi de noche, no vimos a gente "sin techo", pero al día siguiente, nada más salir del hotel, uno de ellos recogía su "cama" guardándola en el hueco de una ventana. Posteriormente, nos encontramos con muchos más y también con pedigüeños distribuidos estratégicamente por las calles, generalmente, mujeres gitanas de los antiguos países del Este.
4.- Es difícil observar al pequeño meón al natural, casi siempre está vestido según la ocasión. Los más de 700 trajes se guardan en el Museo de la Ciudad, sito en la
Maison du Roy, en la
Grand Place. Para hacerse una idea de cómo es en realidad, debemos fijarnos en los comercios, incluidos los de chocolate -como los de la imagen-. La verdad es que, tanto la fuente, como la pequeña estatua, decepcionan un poco.
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