LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA (y 10)

JOSÉ ANTONIO-CALVO SOTELO-CASTILLO-MARTÍNEZ BARRIO-JIMÉNEZ DE ASÚA-MOLA

El clima de violencia en los meses previos a la Guerra Civil se fue generalizando entre los radicales de ambos bandos y los enfrentamientos entre pistoleros falangistas y requetés, por un lado, y socialistas, comunistas y anarquistas, por otro,  sobre todo en Madrid, eran frecuentes, llegando a ser cotidianos y, casi siempre dejando muertos en las calles. El 12 de marzo hubo un atentado falangista contra el padre de la Constitución del 31, Luis Jiménez de Asúa y, aunque él salió ileso, su escolta murió. El Gobierno republicano optó por prohibir el partido falangista, apresar a su líder  José Antonio Primo de Rivera y cerrar su periódico "Arriba". Sin embargo, en la clandestinidad, siguieron actuando igual que antes. A mediados de abril, en el desfile de conmemoración de los cinco años de la República, estalló un artefacto junto a la tribuna ocupada por Martínez Barrio y Azaña, seguido de una serie de disparos muriendo un alférez de la Guardia civil. El entierro del guardia, al que asistieron Gil Robles y Calvo Sotelo, oficiales de ejército y falangistas armados, se convirtió en una gran manifestación antirrepublicana. Se produjo un tiroteo y una bala le costó la vida a Ángel Sáenz de Heredia, primo hermano de José  Antonio. Los falangistas atribuyeron su muerte a guardias de asalto dirigidos por el teniente Castillo, instructor de las milicia de las juventudes socialistas. La tensión seguía creciendo y el número de muertos por ambos bandos, aumentando de forma considerable. Desde los púlpitos de las iglesias se contribuía a ello, junto con la prensa ultracatólica y ultraderechista, incitando a la rebelión armada; por contra, algunos templos y conventos fueron quemados y algunos periódicos, como "La Nación", de Madrid, sufrieron acciones violentas contra ellos.

El 12 de julio era asesinado por extremistas de derecha -al parecer pistoleros del requeté- en una calle madrileña el oficial de la Guardia de Asalto, teniente José del Castillo Sáez de Tejada. La respuesta llegó la siguiente madrugada con el asesinato de José Calvo Sotelo por parte de un grupo de miembros de las fuerzas de seguridad. El enfrentamiento era inevitable.  El asesinato de Calvo Sotelo aceleró el compromiso con la sublevación de los carlistas y también de la CEDA, y acabó de convencer a los militares que tenían dudas. Además, Mola decidió aprovechar la conmoción que había causado en el país el doble crimen, y el día 14 adelantó la fecha de la sublevación que quedó fijada para los días 17 y 18 de julio de 1936.

(Termino aquí la serie "La II República Española", pues los tres años de la Guerra, los voy analizando mediante hechos puntuales).


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