LOS PRIMEROS REGANTES (18)

APARICIÓN DE NUEVOS PUEBLOS

A principios de s.VIII a.C. murió Teglatfalasar III, sucediéndole su hijo Salmanasar V. Esta situación fue aprovechada por Oseas de Israel para dejar de pagar tributo y el nuevo rey asirio sitió Samaria, la capital de Israel, pero tras tres años de asedio, no cedió. Un motín destituyó a Salmanasar, terminando la segunda dinastía -que  solo duró 23 años, frente a los 1000 de la 1ª- y se inició la denominada tercera dinastía llamada, también, sargónida. Un general tomó el poder y se hizo llamar Sargón II. Samaria cayó y las 10 tribus perdidas fueron deportadas a diferentes lugares de Mesopotamia noroccidental y estas se asimilaron con la población existente en la zona, en la que hubo un gran periodo de paz; pero no así en la parte norte en la que un pueblo llamado por los griegos cimerios, presionado por otro conocido como los escitas, se desplazaron hacia el sur y chocaron con los de Urartu. Los asirios vieron la oportunidad de apoderarse definitivamente de sus seculares enemigos y se lanzaron contra ellos. Destruyeron los sistemas de riego y aprovisionamiento de agua de las ciudades haciéndolos inservibles para ambos bandos, pero Sargón copió la tecnología hidráulica  de acequias subterráneas y la trasladó a su zona dominante. Los ururtianos se aliaron con los poderosos asirios y vencieron a los cimerios. Los problemas babilónicos los solventó Sargón tras 10 años de guerras, derrotó al rey de Babilonia, abandonó Calachc y mandó construir una nueva ciudad con mano esclava a la que llamó Dur-Sarrukin ("El fuerte de Sargón"). La dotó de un zigurat, varios templos y un palacio donde reunió un sinfín de tablillas de escritura cuneiforme
que contenían toda la literatura mesopotámica formando una gran biblioteca. Pero la ciudad no llegó a ser habitada. Nuevas campañas contra los cimerios obligaron a desplazarse a Sargón y en una de las batallas sucedida en el 705, fue abatido.
Curiosamente, este palacio fue el primer vestigio asirio en ser descubierto en 1842 por el arqueólogo francés Paul Emile Botta.

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