El domingo fue un día tranquilo. Salimos a tomar vermú después de las vaquillas -que no vimos- y en el bar estuvimos con los amigos y mi hermano Fernando y con Tere, su mujer. Comimos en casa la parte de una merluza que habíamos comprado en Alagón en el Día -por cierto, desde que instalaron Mercadona está prácticamente vacío, no me extrañaría que cuando volvamos próxima vez en Navidades exista- y una reparadora siesta hasta el "güete" de las vaquillas callejeras. Otra vez vaquillas -!qué pesadez!- y bajamos a la Peña. Ya estaba allí casi todo el güitrerío en la terraza de verano, con las viandas sobre la mesa y los líquidos elementos abiertos. A mí se me iban los ojos hacia un único punto: la sobrasada mallorquina, aunque el resto del material no desmerecía. Todo lo que había comestible era un manjar prohibitivo para mí, así que me consolé con Naza, que también tiene ingesta limitada y/o no permitida


. Esa noche cenamos sopa -yo, habitas con huevo- y pollo campero al chilindrón. hice una excepción y me comí un muslito. ¡Qué exquisitez! Charlamos un rato y nos fuimos para casa.
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