En cuanto a la convivencia en el mundo rural, la tolerancia y la integración de los moriscos era generalizada, sobre todo, en los territorios de señorío, pues, tanto los vasallos viejos como los nuevos, trabajaban juntos, utilizaban el molino y horno del señor..., es decir, eran unos vasallos más con las mismas cargas y problemática. Es posible que hubiese algún matrimonio entre viejos y nuevos, pero lo más probable es que fuera de forma testimonial.
En cuanto al odio, en Aragón no hay constancia de ello, más bien al contrario. En cuanto a la agresividad, salvo excepciones*, tampoco, eran pacíficos y solo eran utilizados por los señores como miembros de sus mesnadas para la lucha contra otros señores. Cuando en 1575 el rey ordenó el desarme, no se opusieron; tampoco participaron en las revueltas de 1591. En cuanto a conspirar para recuperar la península con ayuda de los turcos, nada hay que lo demuestre. Por lo tanto, el morisco fue un miembro más de la comunidad aragonesa hasta su expulsión ordenada por Felipe III (II de Aragón) en 1610.
* En 1589 hubo en Bardallur un proceso criminal del Procurador general de la Casa de Ganaderos de Zaragoza y de Catalina Monguilot y sus hijas (Ana y María) contra Felipe Gineta, Luis Gineta y Amador Pastor, moriscos pastores de Bardallur, por matar a Domingo Monguilot y Arnau del Bayle, guardas de la C.G. Actuó de notario Juan Canete.
Obsérvese los apellidos de los moriscos relacionados con los animales o la profesión. Al ser obligados a bautizarse tuvieron que cambiar su nombre árabe por otro a elegir. Generalmente, los apellidos estaban relacionados con la naturaleza y los cultivos.
Como curiosidad, hay quien mantiene que la palabra "maño" es de origen morisco pues cuando se encontraban o cruzaban por las calles solían saludarse con "mano" (de "hermano").

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