Desayunábamos en "El Portillo", un bar en la calle Extramuros, que Gracita y Manolo conocían bien. Al ir del hostal a este bar, subíamos por la calle Peñón, que tantos recuerdos me trae de mi estancia en Conil pues allí está el pub "El Adán", que inicialmente montó Kiko Veneno y que más tarde, por arte de birlibirloque fue a parar a manos de Juan de Dios, un conileño avispado que supo aprovechar el gancho de aquellos años al máximo. Allí escuchábamos las maquetas de Kiko y "Pata Negra" antes de que salieran al mercado y la música siempre era la más vanguardista de los pocos tugurios que, por aquel entonces, había en la localidad. Visitamos también el bar "Los Hermanos" y degustamos unos exquisitos y suculentos montaditos de marrajo, ese escualo que pega bocados a los atunes en la época de las almadrabas. Estuvimos, también, en "El Mundo", una coctelería-crepería que lleva Begoña, una amiga de Gracita. Al retirarnos al hostal, en la misma calle Gabino Aranda, nos topamos con un garito pequeñito regentado por una simpática madrileña que tenía como ayudante a una agradable sevillana pasmada de frío -iban forradas debido a que el bareto tiene otra puerta por la calle Velarde y la corriente era de campeonato, hasta tal punto era el frío que hacía, que la muchacha sevillana tenía encendido el tostador para darse calor-. Allí conocimos a un asturiano que desde hacía 4 años vivía en la localidad y que nos contó que un día, harto de los celos de su mujer, cogió la maleta y picó billetes.
Echamos miles de risas, pues Manolo estaba inspirado y le salió la vena socarrona gallega que, a veces, le caracteriza. De allí, a unos 10 m. estaba el hostal.





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