La dinastía hudí, iniciada con Sulaimán ibn Hud al-Mustaín I
de Zaragoza, se mantuvo al frente de la taifa zaragozana durante tres cuartos
de siglo, desde 1038 hasta 1110. Con los hudíes, dinastía de origen árabe
arraigada en la región desde la conquista del siglo VIII, el reino de Zaragoza
llegó a su máximo esplendor político y cultural, pese a tener que pagar parias
a los reinos cristianos (León, Pamplona…). Sulaimán murió en 1047 y las guerras
fratricidas entre sus hijos por conseguir el poder fueron constantes, logrando
finalmente imponerse Áhmad al-Muqtadir. El nuevo rey consiguió reunir bajo su
mandato las tierras disgregadas tras el reparto de los dominios de Zaragoza
entre sus hermanos hecha por su padre Sulaymán ben Hud al-Musta'in. Solo Yúsuf,
gobernador de Lérida, resistió durante más de treinta años los intentos de
reintegración de su hermano hasta que fue hecho prisionero en 1078. Con la anexión de la taifa de Tortosa (que ya
había sido distrito de la Marca Superior) a Zaragoza en 1060, se inicia el
apogeo militar político y cultural de esta, que, en la segunda mitad del siglo
XI, solo tuvo igual en la Sevilla de Al-Mutamid. Sus fronteras llegaron hasta
el sur de levante cuando, a partir de 1076, sumó a su dominio la taifa de Denia
y obtuvo el vasallaje de Valencia, gobernada por el reyezuelo-títere impuesto
por Toledo, Abu Bakr, pero se vio involucrado en numerosas guerras limítrofes.
En una de ellas, Ramiro I de Aragón intentó en numerosas ocasiones apoderarse
de Barbastro y Graus. Sitió esta última, pero Al-Muqtadir en persona, al frente
de un gran ejército que incluía tropas castellanas al mando de Sancho El Fuerte,
de las que formaban parte las huestes de Rodrigo Díaz de Vivar, “El Cid
Campeador”, vencieron a los aragoneses perdiendo la vida Ramiro I. Sin embargo,
al año siguiente, con ayuda de los francos, tomó Barbastro. Al año siguiente,
Áhmad al-Muqtadir, reaccionó solicitando la ayuda de todo al-Ándalus, llamando
a su vez a la yihad y volviendo a recuperar Barbastro en 1065. Este triunfo le
permitió tomar al rey de Zaragoza el sobrenombre "Al-Muqtadir Billah"
("el poderoso gracias a Alá"). En el 1085, Alfonso VI tomó Toledo y a
los musulmanes les entró el “canguelis” y los reyes de Sevilla, Badajoz,
Granada y Córdoba invitaron al de Zaragoza (al-Musta´in II, hijo de al-Muqtadir
a pedir ayuda a los almorávides de Yusuf ibn Tasufin. Los zaragozanos no se
unieron. Alfonso VI ambicionaba Zaragoza y la asedió durante varias semanas,
pero tuvo que partir apresuradamente cuando supo que Ibn Tasufin había
desembarcado en la Península con un gran ejército. A mediados de 1093 los
almorávides habían conquistado todos los reinos de taifas salvo Albarracín,
Zaragoza y Lérida. El avance almorávide obligó a al-Musta^in a cambiar de
táctica. Los últimos años de su reinado fueron desastrosos para Zaragoza, que
perdió los territorios del norte (Huesca y Barbastro), conquistados por los
aragoneses, pese a contar con algunos caballeros cristianos como mercenarios..
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