LA CIUDAD MUSULMANA (FIN)
Plano de la ciudad de Zaragoza cuando fue conquistada.
Alfonso otorgó concesiones a los benedictinos para que fundasen un monasterio en la Aljafería, edificio que se constituyó en residencia real de los monarcas aragoneses. A la ciudad Alfonso le ofreció en fuero Totum per totum, que confiaba la protección de los intereses particulares a los cuerpos armados seculares que se pudiesen formar, garantizando la autodefensa, y un sistema de aljamas que garantizaban el respeto entre comunidades religiosas.
Las capitulaciones de la ciudad reconocían a los musulmanes el derecho a quedarse en Zaragoza, con la condición de habitar en los arrabales en el plazo de un año, durante el cual las mezquitas seguirían cumpliendo su función; a pagar los mismos impuestos que hasta la conquista, a mantener sus propiedades rurales y a practicar su religión y ser juzgados por sus propias leyes. Se reconocía el derecho de marchar libremente a los que lo desearan -las clases altas se fueron a Valencia-. Con estas condiciones ventajosas, Alfonso trataba así de evitar la despoblación de la ciudad, especialmente conservando a los campesinos,
artesanos y comerciantes. A los musulmanes que permanecieron en la ciudad se les empezó a llamar mudéjares. Las mismas condiciones fueron impuestas a los judíos.
artesanos y comerciantes. A los musulmanes que permanecieron en la ciudad se les empezó a llamar mudéjares. Las mismas condiciones fueron impuestas a los judíos.
Tras todo eso, la medina o ciudad vieja fue repoblada con cristianos que habían participado en la toma de la ciudad (francos y navarros) y, se calcula que, de los cerca de veinte mil musulmanes, muchos permanecieron, y con la llegada de nuevos habitantes la población creció y la ciudad se expandió extramuros. Gastón de Bearne recibió el señorío de la ciudad en recompensa a sus esfuerzos. El bearnés favoreció a los suyos en el reparto de Zaragoza y siguió reestructurándola situando a mudéjares y hebreos en distintas zonas de la ciudad. Los musulmanes ocuparon la zona de arrabales hacia la Almozara y los judíos lo hicieron en el Coso, frete a las Tenerías. Gastón siguió guerreado junto a "El Batallador" y en la incursión de éste a Andalucía en 1131, perdió la vida y los granadinos pasearon su cabeza como un trofeo. Su cuerpo y olifante se encuentran en el templo de El Pilar. Le sucedió su hijo Céntulo IV que cedió la ciudad a la Orden militar del Temple.

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