EL CASTILLO DE SANTA CATALINA DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA. (Teo A.)
Desidia y abandono.
Conocido familiar y comúnmente como "Fuerte Ciudad" o "Las Murallas" por los portuenses.
Si lo más preciado del patrimonio histórico arquitectónico de la ciudad sufre de obsolescencia programada si no se paraliza su proceso de deterioro progresivo, no digamos algunos de sus más preciados y emblemáticos elementos históricos periféricos. Un ejemplo clamoroso es el de los restos de este baluarte defensivo costero, punto fundamental en el sistema de fortificaciones que secularmente se fue diseñando para la defensa de la bahía de Cádiz.
No hay que viajar mucho ni muy lejos para contemplar lo que se ha realizado en otras zonas y ciudades en relación a su patrimonio histórico costero defensivo.
Declarado Bien de Interés cultural, dice así su descripción:
"Baluarte defensivo en forma de pentágono irregular que se emplaza en la costa de El Puerto de Santa María, formando parte del sistema de baterías que defendían la entrada a la Bahía de Cádiz a mediados del XVIII. Está configurado por dos líneas de defensas, una en el acantilado, totalmente en ruinas y otra hacia el interior, en buen estado. El interior está totalmente ocupado por escombros y malezas. Sus fuegos de artillería cruzaban la bahía con los de la Plaza de Cádiz. Los lienzos de sus murallas se componen de material ciclópeo revestido por sillares de piedra ostionera, parcialmente abatidos por los temporales.
Se han documentado materiales de época púnica, así como restos de un alfar, una villa, de la que se conservan restos arquitectónicos decorados y una necrópolis de incineración de época romana.
"Baluarte defensivo en forma de pentágono irregular que se emplaza en la costa de El Puerto de Santa María, formando parte del sistema de baterías que defendían la entrada a la Bahía de Cádiz a mediados del XVIII. Está configurado por dos líneas de defensas, una en el acantilado, totalmente en ruinas y otra hacia el interior, en buen estado. El interior está totalmente ocupado por escombros y malezas. Sus fuegos de artillería cruzaban la bahía con los de la Plaza de Cádiz. Los lienzos de sus murallas se componen de material ciclópeo revestido por sillares de piedra ostionera, parcialmente abatidos por los temporales.
Se han documentado materiales de época púnica, así como restos de un alfar, una villa, de la que se conservan restos arquitectónicos decorados y una necrópolis de incineración de época romana.
Por qué no, ante la inutilidad política, buscar fórmulas de concesión administrativa a empresas que rehabiliten y protejan, convirtiendo este lugar espectacular, bello paraíso, en un respetuoso centro de interpretación y visitas bajo módicos precios. Un poné.
Oiga que se nos cae encima.
Oiga que se nos cae encima.

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