ZARAGOZA EN EL SIGLO XX (1)

Las grandes transformaciones sociales y económicas van a influir de forma decisoria en la Zaragoza del S. XX. La ciudad, que contaba a principios de siglo con unos 100.000 habitantes, va a pasar tener más de 600.000.Su extensión geográfica se va a ver ampliada con nuevos barrios e, incluso pueblos próximos.

Zaragoza empieza a superar su tradicional fisonomía agrícola con la instalación de fábricas ("La Zaragozana". "La Montañanesa", "Eléctricas Reunida de Zaragoza", "Sociedad de Minas y Ferrocarriles de Utrillas"...; en paralelo al nacimiento de sociedades financieras como los bancos Zaragozano y de Aragón).

Estos cambios y creaciones van a incidir de forma significativa en el urbanismo de la ciudad. El Paseo de la Independencia, el planteamiento urbanístico de la Huerta de Santa Engracia y el cubrimiento de un tramo del río Huerva, suponen el inicio de un amplio ensanche hacia el sur, centrado en dos ejes: el Paseo de Sagasta y la Gran Vía. Paralelamente se abordan importantes obras como el saneamiento del alcantarillado del casco antiguo de la ciudad, que elimina los tradicionales pozos ciegos, o la construcción de los depósitos de agua de Casablanca y Torrero.

 Desde el punto de vista social, la incipiente industrialización de las primeras décadas del siglo XX van a dar origen de un importante movimiento obrero, marcado por la gran implantación y extensión de algunos sindicatos, destacando la anarquista Confederción Nacional del Trabajo (CNT), acompañado de una constante ebullición de ideas e ideologías plasmada en la aparición de numerosos diarios (Heraldo de Aragón, en 1895, o El Noticiero, en 1901) y publicaciones (La Crónica, Aragón, etc.) de distinta tendencia, o de organizaciones como el Ateneo de Zaragoza, con sede en el Casino Mercantil. A pesar de esta difusión de ideas, Zaragoza sigue siendo una ciudad provinciana, mal higienizada y padeciendo enfermedades de tifus.

Estos elementos van a ser el marco de un periodo caracterizado por la conflictividad social, reflejada tanto en las protestas políticas contra el Estado oligárquico de la Restauración como en las tensiones entre patronos y trabajadores. Este último aspecto queda plasmado en las numerosas huelgas convocadas durante el "Bienio Rojo" (1918-1920), el pistolerismo de la patronal o el terrorismo anarquista, que provocan 23 muertos entre 1916 y 1923 y culminan con hechos como los asesinatos del arquitecto municipal José de Yarza y otros dos funcionarios (23 de agosto de 1920) o del cardenal Soldevilla, arzobispo de Zaragoza (4 de junio de 1923).


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