1472, se produjo la Capitulación de Pedralbes, que ponía fin al permanente conflicto que Juan II, rey de la Corona de Aragón y Navarrra, mantuvo con los catalanes que deseaban la secesión de su territorio de la mencionada Corona.
El origen de las dificultades planteadas por Cataluña estribaba fundamentalmente en un deseo de emancipación respecto de Aragón. La chispa que inflamó el alzamiento catalán fue la negativa de Juan II (6-II-1461) a libertar al Príncipe de Viana, al que mantenía preso desde hacía dos meses. Obligado por las circunstancias, veinte días más tarde lo puso en libertad y Carlos marchó a Barcelona, donde fue entusiásticamente recibido. Esta primera fase de enfrentamiento terminó con la concordia de Villafranca del Panadés (21-VI-1461) y supuso un triunfo para los catalanes. Al cabo de tres meses moría el Príncipe, habiendo visto declinar su popularidad a consecuencia de sus diferencias con la Generalitat.
Pero la citada concordia sólo supuso una tregua. Desde principios de 1462 los payeses de remensa* levantaron bandera de rebelión en demanda de que fueran abolidos los malos usos. Ciertamente que el alzamiento remensa fue sólo un pretexto; el desacuerdo profundo estaba entre la Generalitat y la Corona. Durante diez años, hasta la Capitulación de Pedralbes de 16-X-1472, Cataluña luchó contra Juan II en defensa de sus anhelos secesionistas, finalmente fracasados. Una buena parte del gasto originado por esta revolución fue costeado por el reino aragonés, y repercutió de modo grave en su depauperada economía.
Juan II murió a la edad de ochenta años en 1479 y fue enterrado en Poblet. Le sucedió en los reinos de la Corona de Aragón su hijo Fernando II ("El Católico"), y en Navarra su hija Leonor, condesa de Foix.
* Los llamados payeses de remensa, palabra derivada de las latinas payenses redemptionis, constituían la clase popular más vejada por los nobles, o sea, eran una especie de parias. Y el rey don Juan, en agradecimiento a la adhesión de estos desgraciados payeses, ennobleció a su jefe Verntallat, haciéndole vizconde.
Pero envalentonados los payeses con la protección del monarca, cometieron desmanes y produjeron desórdenes, que se prolongaron hasta el reinado de Fernando el Católico. Fue el príncipe aragonés quien puso término a tal situación con la sentencia arbitral de Guadalupe, por la cual nobles y payeses quedaron sujetos a su omnímoda autoridad, que era el fin perseguido por aquel astuto monarca con su hábil política.

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