1497, el monje dominico Girolano Savonarola (1452-1498) y sus seguidores prendían en Florencia la "hoguera de las vanidades" -falò delle vanità, en italiano-. Era costumbre que el martes de carnaval, a partir de los sermones de Bernardino de Siena en el siglo XV, se quemaran toda clase de objetos considerados blasfemos, mundanos y pecaminosos: espejos, maquillajes, trajes lujosos, máscaras, disfraces, instrumentos musicales, libros clásicos griegos y latinos, tratados científicos, obras de Petrarca y Bocaccio, tableros y juegos de ajedrez… A destacar también varios originales de Botticelli con motivos mitológicos que el propio pintor aportó «voluntariamente», para evitar ser objeto de las iras del predicador y sus fanáticos seguidores.
En realidad, consistía en la escenificación simbólica del tránsito entre los Carnavales y la Cuaresma: del comportamiento licencioso y casquivano, al de penitencia y rigor para la expiación los pecados cometidos, que culminaba con la Semana Santa.
Al ínclito dominico, le dedicaré un monográfico, pues merece la pena conocer la vida y andanzas de este jeremíaco dominico. De momento aquí tenéis un adelanto:
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