El príncipe Carlos de Viana, llamado santo milagroso.
Las fuerzas denominadas pactistas, es decir, los sectores sociales dominantes, entiéndase los grandes señores de la tierra, el patriciado urbano y algunos dirigentes de la Iglesia, es decir los miembros de la Biga, habían salido triunfadores del pacto del pacto o Capitulación de Villafranca del Penedés. Juan II de Aragón tuvo que ceder a las peticiones de los mencionados anteriormente, que nombraron a Carlos de Viana heredero de Cataluña y la prohibición de entrada al Principado del rey aragonés. De todos modos la sospechosa muerte se cree que fue envenenado por orden de su madrastra Juana- del príncipe de Viana, apenas unos meses después de la citada capitulación, supuso un cambio rotundo de la situación. Fernando, hijo de Juan II y de su segunda esposa, Juana Enríquez, fue jurado heredero de la Corona de Aragón. Mientras tanto se vivía en Cataluña un auténtico clima de preguerra. En febrero de 1462 se amotinaron los payeses de remensa de tierras de Gerona. Unos días después se manifestaban en Barcelona amplios grupos de menestrales (artesanos y comerciantes), del partido de la Busca, ofreciendo su apoyo incondicional a Juan II. Por su parte, el Consell del Principat reclutó a toda prisa un ejército. El 11 de marzo de 1462, Juana Enríquez decidió abandonar Barcelona, acompañada por su hijo Fernando.

Aquél fue el comienzo de una dura guerra civil que duró en torno a los diez años. En un bando se encontraba el rey Juan II, el cual contaba, aparte de la ayuda militar francesa, con el apoyo de los payeses de remensa y de los sectores populares de las ciudades. Frente a Juan II se encontraba básicamente la oligarquía, tanto rural como urbana, representada por la Diputación del General, así como algunos sectores populares que habían abrazado su causa. Los rebeldes propusieron colocar al frente del principado al rey de Castilla Enrique IV (1462) y, tras su renuncia, acudieron al condestable Pedro de Portugal (1464-1466) y, finalmente, a Renato de Anjou (1466-1472). No obstante, el desarrollo de los enfrentamientos militares se fue decantando a favor del bando realista.
Otro día os hablaré de los payeses de remensa.
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