Fueron los griegos, al parecer, quienes dieron al territorio de lo que hoy es España, bueno, más bien a las costas o tierras próximas a ellas, que ellos visitaron y donde fundaron colonias, el nombre de Iberia, quizá debido al río Íber (Ebro) -hay quien dice, sin fundamento, creo yo, que en las proximidades del río Tinto había un poblado llamado Ibero y a sus habitantes iberoi que, junto a los celtoi, eran los mayores pobladores de la península, aunque también estaban los turdetanoi, relacionados con Tartessos. Los fenicios la denominaron i-spn-ya, que en su lengua significaba "tierrra de muchos conejos" -según he leído, ni griegos ni romanos conocían estos roedores-. Así que cuando alguien pronuncia la palabra España con el énfasis que ahora se está haciendo, que sepa que está diciendo, como ayer en el acatamiento de la Constitución, "por la tierra de muchos conejos" o ¡Viva España! ¡Viva la tierra de muchos conejos! Más tarde, los romanos la denominaron Hispania, al vencer a los púnicos o cartagineses que, como es sabido eran de origen fenicio; nada que ver, pues, con la surrealista teoría de Dalí que decía que provenía de "espina".Hay otras teorías de la procedencia de España -del vasco Izpania, de Híspalis, de unos reyes legendarios llamados Hispalo e Hispan...-, pero la procedencia fenicia es la más aceptada.
En tiempos del rey visigodo Suintila (S. VII d.n.e.) se habla de totus Spaniae (toda España). Los musulmanes la llamaron Isbāniyā y Alfonso I "El Batallador", cuando realizó su incursión por tierras del sur de la península (Almería, Granada y Málaga), habla ya de las tierras de España.
Otro de los enigmas sin resolver es el de Tartessos. ¿Era una ciudad? ¿Una zona? ¿Un conjunto de poblaciones? ¿Dónde estaba ubicada? ¿De dónde procedían sus gentes? ¿Por qué desaparecieron? y muchas más preguntas que todavía se hacen los estudiosos de la materia. Otro día hablaré del asunto.



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