El símbolo usado en las direcciones de correo electrónico, que en español y portugués, entre otras lenguas peninsulares, llamamos arroba (@), fue creado por los copistas de la Edad Media tardía para representar la preposición latina ad (a, ante, contra, hacia, por). Ese símbolo podría haber desaparecido con la invención de la imprenta por Gutenberg, en el siglo xv, pero logró sobrevivir gracias a los mercaderes del Renacimiento, que lo usaron como manera de vincular el número de productos de una factura con el precio por unidad.
Y el signo que ya había sobrevivido a la invención de la imprenta volvió a salvarse de la extinción gracias a los inventores norteamericanos que a fines del siglo xix crearon la primera máquina de escribir y lo incluyeron en su teclado... Con el surgimiento de la Internet, Ray Tomlinson, el creador del primer software de correo electrónico, se vio en la necesidad de adoptar un carácter para separar la identificación del usuario de la identificación de la máquina o proveedor usados. El señor Tomlinson eligió para tal fin nuestro signo secular nacido a fines de la Edad Media, tornándolo así más usado y más famoso que nunca en su larga historia.
Yo recuerdo que cuando mi abuela Joaquina criaba tocinos, siempre se pesaban usando la arroba como medida. También se utilizaba para medir el vino (16 litros aproximadamente) y, en menor medida, el aceite (12,5 l.).

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