A las 6 de la mañana, se estima que ya había unas 400.000 personas a lo largo del recorrido: Paseo del Prado, Recoletos (rebautizado como Calvo Sotelo) y Castellana (Generalísimo). Franco llegó procedente de Burgos vestido de militar, pero con la camisa azul de los falangistas y la boina de los requetés. Para presidir el desfile se había erigido un escenario espectacular con un águila detrás y las palabras Franco, Franco, Franco, al estilo de Duce, Duce o Duce o Santo,, Santo, Santo. En el frontal del estrado un víctor que el dictador se apropió de los emblemas de la Universidad de Salamanca que indicanban que ya habían conseguido su licenciatura o doctorado. Por cierto, este emblema, que algunos decían que era para distinguir la casa de médico en los pueblos, todavía permanece en algunos pueblos, uno de ello muy cercano, incumpliendo, a todas luces la ley de la Memoria Histórica y con total impunidad, como ya he denunciado en varas entradas de este blog.
Con esta exhibición de fuerza en Madrid -ya había habido otros desfiles en varias ciudades-, la ciudad que había resistido hasta el final de la guerra, Franco quiso demostrar su poder y afianzamiento como caudillo y bien que lo consiguió, pues tuvimos que soportarlo hasta 1975, aunque, por lo que estamos viendo en estos últimos tiempos, todavía quedan nostálgicos cavernarios que desean volver al "glorioso" pasado, algo que debemos evitar en todos los lugares (bares, foros, redes sociales...) y, sobre todo, en las urnas.

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