“Cuando tu hijo, nieto o sobrino, o el hijo de tu amiga que decidió no vacunarlo, reciba un transplante hepático por una hepatitis A, o tenga hepatitis B, o meningitis tuberculosa (porque, como te habrás informado antes de tomar una postura antivacunas, hay muchísimos casos de TBC en nuestro país).
O años después de un sarampión presente un deterioro neurológico irreversible y muera (habrás leído sobre panencefalitis esclerosante subaguda).
O esté en terapia intensiva por una neumonía.
O tu hija esté embarazada y se contagie rubeola, entonces tu nieto tenga rubeola congénita (también podes buscar de qué se trata).
O tu hijita tenga varicela y contagie a su amiga que tiene leucemia, o a la tía que está embarazada.
O tu hijo tenga meningitis del tipo que cubren las vacunas, y como secuela pierda la audición. O muera.
O tu bebé tenga "tos convulsa" y esté en una terapia con respirador y tal vez muera.
O tu pequeño se clave un clavo oxidado jugando y tenga espasmos musculares, le cueste respirar y tal vez muera.
O tal vez no les pase nada a los tuyos pero contagien a otros y ellos, aunque sólo sea una posibilidad, mueran.
Sólo ahí entenderás que las vacunas previenen enfermedades graves. Y que, si llegamos a ver todo esto nuevamente, habremos llegado a entenderlo demasiado tarde."
O años después de un sarampión presente un deterioro neurológico irreversible y muera (habrás leído sobre panencefalitis esclerosante subaguda).
O esté en terapia intensiva por una neumonía.
O tu hija esté embarazada y se contagie rubeola, entonces tu nieto tenga rubeola congénita (también podes buscar de qué se trata).
O tu hijita tenga varicela y contagie a su amiga que tiene leucemia, o a la tía que está embarazada.
O tu hijo tenga meningitis del tipo que cubren las vacunas, y como secuela pierda la audición. O muera.
O tu bebé tenga "tos convulsa" y esté en una terapia con respirador y tal vez muera.
O tu pequeño se clave un clavo oxidado jugando y tenga espasmos musculares, le cueste respirar y tal vez muera.
O tal vez no les pase nada a los tuyos pero contagien a otros y ellos, aunque sólo sea una posibilidad, mueran.
Sólo ahí entenderás que las vacunas previenen enfermedades graves. Y que, si llegamos a ver todo esto nuevamente, habremos llegado a entenderlo demasiado tarde."
Vacunarse no es una opción, ¡es obligatorio!
El texto es de la Dra Soledad Rodriguez, pediatra y endocrinologa infantil del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.
A lo largo de mi vida profesional tuve diferentes encontronazos con padres que no deseaban vacunar a sus,hijos, en el 99% de los casos, de la comunidad gitana. Argumentaban los posibles efectos secundarios que podrían poner en peligro la vida de sus vástagos y, el día que los sanitarios venían a vacunar, se ausentaban sistemáticamente. Ahora, han crecido los alternativos, gentes con estudios, de clase media, que prefieren otro tipo de medicina y están, por supuesto, en radical posición contra la vacunación. A mí me da igual, siempre que no contagien.

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