Para alojar a las personas
que se quedaban en Épila había varias posadas regentadas por cristianos,
musulmanes y judíos y, dado que se encontraba en el Camino Real, el comercio
tuvo mucha importancia: lanas, telas, pieles, azafrán, trigo, pescado en
salazón y fresco proveniente del mar…eran fruto de intercambios, ventas y
compras. Judíos ricos de Zaragoza solían
ir a Épila en la época del esquilo para comprar grandes cantidades de lana para
sus almacenes de la capital.
La villa poseía dos taulas de carnicería, dos hornos, una
tienda de venta de pan y otros productos, dos herrerías, dos pescaderías, dos
molinos harineros, el de Biscota y el del Puente Mayor del Jalón, y dos molinos
traperos. El señor de la villa Don Lope Ximénez de Urrea poseía, además,
salinas en los términos de Rueda y Urrea.
Las zonas de regadío, algunas en la parte del monte, soto y
prado se dedicaban a huerto, viña, majuelo, albar y campo, estando destinado
este último a frutales y hortalizas, trigo, cebada, avena, centeno y algunos
olivos.

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