ÉPILA (S, XV)



Conforme iba avanzando el siglo XV, los barrios de las afueras, Azanet y las Tañerías, se fueron despoblando y desplazándose a otros barrios del interior como las Herrerías y la Plaza. 

Para alojar a las personas que se quedaban en Épila había varias posadas regentadas por cristianos, musulmanes y judíos y, dado que se encontraba en el Camino Real, el comercio tuvo mucha importancia: lanas, telas, pieles, azafrán, trigo, pescado en salazón y fresco proveniente del mar…eran fruto de intercambios, ventas y compras. Judíos ricos de Zaragoza  solían ir a Épila en la época del esquilo para comprar grandes cantidades de lana para sus almacenes de la capital.

La villa poseía dos taulas de carnicería, dos hornos, una tienda de venta de pan y otros productos, dos herrerías, dos pescaderías, dos molinos harineros, el de Biscota y el del Puente Mayor del Jalón, y dos molinos traperos. El señor de la villa Don Lope Ximénez de Urrea poseía, además, salinas en los términos de Rueda y Urrea.

Las zonas de regadío, algunas en la parte del monte, soto y prado se dedicaban a huerto, viña, majuelo, albar y campo, estando destinado este último a frutales y hortalizas, trigo, cebada, avena, centeno y algunos olivos.

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