Bando del 29 de mayo de 1610
En 1525, Carlos I, mediante un decreto, obligaba a los mudéjares aragoneses a convertirse al cristianismo, abandonar sus costumbres y ritos religiosos, no cambiar de domicilio para evitar propagar sus ideas, vestir de una determinada manera, usar nombres y apellidos que no fuesen en lengua árabe y, en 1559 a llevar armas, incautando todas las que tenían (miles de espadas, arcabuces, picas y lanzas, ballestas...). Su modus vivendi, laboralmente hablando, no cambió en los inicios, es decir, siguieron dedicándose a la agricultura, la alfarería, la albañilería y otros oficios, aunque, más adelante fueron relegados de algunas de sus especialidades por los cristianos viejos. Por otra parte, la obligación de practicar una religión que no deseaban les iba a ocasionar grandes problemas política y religiosamente. Si a esto añadimos los conflictos con los señores de los que eran vasallos por no pagarles el impuesto por practicar su religión, su vida estaba en un permanente estado de inseguridad que afectaba tanto a su persona como a sus bienes. Podía ser condenado a muerte, a prisión o a galeras, pero más frecuentemente era víctima de sanciones económicas que llegaban hasta la incautación de sus bienes, agravando su situación económica e incluso llevándole a la ruina.
En Lumpiaque, según Colás Latorre y Salas Ausens en su libro "Aragón bajo los Austrias", en 1.495 había 30 fuegos (145 personas, todas ellas mudéjares) que estaban bajo el dominio del vizconde de Rueda desde 1.482. En 1.488, pasaron a depender del condado de Aranda, pues al IV vizconde, el rey Fernando II de Aragón le concedió el condado de Aranda. El conde facilitó a los habitantes lumpiaqueros el uso de la balsa para el abastecimiento de agua en sus casas. Durante el siglo XVI, los sucesivos condes, Miguel, Hernando, Luis (que participaría en la rebelión de 1591, junto a otros nobles y al Justicia Lanuza, siendo apresado y muriendo en Castilla) y Antonio fueron cobrando los impuestos correspondientes a sus súbditos y, como ya expliqué, Miguel Ximénez de Urrea, II conde de Aranda, tuvo que soportar la invasión de Lumpiaque del señor de Ribagorza, residente en Pedrola, el bravucón Alonso Felipe, hijo del duque de Luna, causando muertos, heridos, prisioneros y un gran botín.
Cuando se decreta la expulsión de los moriscos de Aragón el 26 de mayo de 1.610, Lumpiaque, que contaba con 144 fuegos y unas 650 personas (según la fuente mencionada arriba) quedó vacío y no se repobló hasta unos 5 o 6 años más tarde. El conde de Aranda, por aquel entonces, Antonio Ximénez de Urrea, vio como las localidades que poseía se quedaban sin población, sobre todo, en Almonacid de la Sierra, Salillas, Lucena, Lumpiaque Rueda, Urrea...
Los moriscos de Lumpiaque, fueron dirigidos a Francia por Roncesvalles (Navarra) y, según expone Lomas Cortés en su libro "El proceso de expulsión de los moriscos de España (1609-1614)", salieron 637 personas y abonaron la cantidad de 3.208 ducados.
Los moriscos de Lumpiaque, fueron dirigidos a Francia por Roncesvalles (Navarra) y, según expone Lomas Cortés en su libro "El proceso de expulsión de los moriscos de España (1609-1614)", salieron 637 personas y abonaron la cantidad de 3.208 ducados.



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