Tras la muerte (imagen) en Barcelona el 23 de septiembre de 1461 de Carlos, Príncipe de Viana, hijo de Juan II de Aragón y Blanca de Navarra el cargo de lloctinent (lugarteniente) le correspondió a su hermanastro Fernando, hijo de Juan y de Juana Enríquez, según los Pactos de Vilafranca. Para tomar posesión de su cargo, Fernando y su madre llegaron a Barcelona el 21 de noviembre de 1461. Juraron los Pactos mencionados al día
siguiente y la joven Juana, como tutora del pequeño Fernando (9 años), se convirtió de facto en la
lloctinenta de Cataluña.
Para conseguir sus objetivos de consolidar a su hijo y hacer que su esposo volviese a Barcelona, no dudó en contactar con buscaires (mercaderes y artesanos) lo que la enfrentó con la
Biga (formada por los hombres honrados poseedores de tierras y derechos señoriales, controladores del poder municipal junto a los grandes comerciantes de sedas).
El Complot de San Matías (24-2-1462), una algarada
menestral (oficiales mecánicos) en favor de la corona, contribuyó a tensar el ambiente barcelonés contra Juana.
Mientras tanto, una revuelta campesina había vuelto a surgir en Girona. La reina, acosada
por el entorno de la Biga y ante el peligro de su inminente detención, abandonó Barcelona con su
hijo rumbo al norte, un territorio más afecto a la corona y más cercano al Condado de Foix donde
el yerno y aliado de Juan II ya estaba preparando tropas de intervención rápida por si fuera
necesario.

El 15 de Marzo de 1462, la reina Juana y su hijo Fernando, entraron en la ciudad de
Girona donde quedaron bajo la protección de nobles realistas y de dirigentes remensas (campesinos). La
Generalitat reaccionó armando una hueste que, al mando del Conde de Pallars, entró en Girona a
primeros de Junio de 1462. La reina y su hijo, refugiados en la fortaleza de la Força junto con un
reducido grupo de leales, resistieron siete semanas las acometidas del de Pallars. Y ello, sin
duda, debió influir en la formación de Fernando quien, con diez años, vivió su bautismo de
fuego. Por suerte para los sitiados, las tropas francesas del yerno de rey de Aragón, Gastón IV de
Foix, facilitadas por Luis XI de Francia en virtud del acuerdo de Bayona de 7 de Mayo de aquel
año, levantaron el asedio y liberaron a la familia real. A cambio, Juan II de Aragón contrajo una
deuda de 200.000 escudos con el rey francés, a saldar con las rentas de los condados del
Rosellón y Cerdaña. Para garantizar dichas rentas, Luis XI de Francia se reservó la soberanía
sobre los condados respaldada por la presencia militar en las fortalezas de Perpiñan y Colliure. La familia real, refugiada en Zaragoza, esperó en tensión los movimientos bélicos del Conde
de Foix y los realistas que, sin embargo, no consiguieron rendir a Barcelona. El Principado
quedó dividido en dos bandos irreconciliables: Los realistas, (cortesanos vinculados al rey, gran
parte del movimiento remensa y numerosos buscaires ) y la Generalitat (los señores de la tierra y
la Biga barcelonesa). La guerra civil había comenzado.


No hay comentarios:
Publicar un comentario