¡A BUENAS HORAS, MANGAS VERDES!


Miembros de la Santa Hermandad

Sigo con sus "Católicas Majestades". La política interior de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón consistió, sobre todo, en mermar el poder de la nobleza, limpiar el territorio de forajidos y controlar las ciudades y el medio rural. Para ello, crearon los Consejos (conjunto de asesores), nombraron corregidores (con poderes judiciales) en las ciudades, instauraron la Inquisición, crearon un ejército estable y una policía urbana -con antecedentes a la creada por Enrique IV-, que luego actuaría casi exclusivamente en el campo: la Santa Hermandad.
Esta última organización fue, al principio, muy eficaz, ejerciendo su cometido con total rigor. Los alcaldes rurales, debido a la proliferación del bandidaje, exigieron la presencia en sus términos municipales de esta tropa, muy similar a la guardia civil actual en sus cometidos fuera de las urbes.
La Santa Hermandad se encargó de vigilar los caminos, evitar los asaltos, limitar el poder de los alcaldes y, sus 2.000 hombres siempre estuvieron a disposición de los reyes.
Su uniforme se caracterizaba por llevar un chaleco de cuero que dejaba ver una camisa de color verde que vestían debajo y en la que sobresalían especialmente las mangas, siendo por este peculiar uniforme por lo que se les empezó a conocer como los “Mangas verdes”.
Con el paso del tiempo, sus actuaciones se fueron relajando y muchos delitos quedaban impunes debido a la nula presencia de los guardias, de ahí que, cuando se personaban pasado ya bastante tiempo, se acuñara la frase "a buenas horas, mangas verdes".

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