El día 24 de abril comenzó el Ramadán. Como quizá sepáis, es uno de los 5 pilares del Islam y consiste en un período de tiempo –noveno mes del calendario lunar musulmán- en el que los creyentes adultos ayunan y purifican su cuerpo desde el amanecer hasta la puesta del sol. Durante estas horas no pueden comer, beber, fumar o mantener relaciones sexuales. Los ancianos, enfermos, viajeros y mujeres embarazadas pueden saltarse la norma, pero compensándola más adelante. La juventud suele empezar a hacerlo desde la pubertad e incluso antes, pero en menor medida.
Antes de salir el sol suelen tomar un desayuno previo (suhoor) y, sobre las 8:30 de la tarde, finaliza el ayuno (maghrib) y empieza el iftar (comen tres dátiles, según la tradición) y una suculenta y abundante comida en la que no faltan los higos secos, el cuscús,…y, sobre todo, la harira, una sopa espesa, y algo picante que lleva fideos, garbanzos, ternera, cebolla, tomate, apio, pereji y muchas especias. Varios postres dulces elaborados con miel culminan la pantagruélica ingesta.
El Ramadán finalizará el 24 de mayo.
Por cierto los musulmanes están en el año 1441 de la Hégira. Nosotros nos regimos por el calendario gregoriano, que, por cierto, se elaboró en Salamanca.
Se originó a partir de dos estudios realizados en 1515 y 1578 por científicos de la Universidad de Salamanca, que fueron remitidos a la Santa Sede. Del primero, se hizo caso omiso y del segundo, finalmente, surgió el actual calendario mundial. Los primeros países en adoptar el calendario actual fueron España, Italia y Portugal en 1582. Sin embargo, Gran Bretaña y sus colonias americanas no lo hicieron hasta 1752.



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